Influencias negativas

La Biblia dice en Levítico 18: 3 No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis, ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos.

Los cuatrocientos años de Israel en Egipto los marcaron. El trayecto de esa nación pagana a la tierra prometida mostró de una manera muy lamentable como el pueblo de Dios quedó influenciado por sus opresores. No solo querían comer como se comía allí, sino que también querían deidades como aquellos tenían. El becerro de oro es el ejemplo de esa influencia.

Por eso Dios les advirtió muy seriamente que debían evitar vivir como ellos vivían porque su cultura pagana era una afrenta al Creador y por lo tanto deberían destruir todo vestigio de esa forma de vida a fin de agradar a Dios que los había librado de ese país con su mano fuerte y poderosa.

Pero también les dijo que cuando llegarán a la tierra prometida se encontrarían con pueblos y naciones que al igual que los egipcios tenían un estilo de vida idolátrico y también tendrían que luchar contra su influencia ante el peligroso riesgo de incurrir en sus desviaciones espirituales.

En Canaán habitó el tercer hijo de Noé, Cam, quien fue maldecido por su padre al cometer una vileza con su familia y sus descendientes fueron llevados por sus malos deseos y conformaron una cultura basada en los ídolos y en prácticas completamente antinaturales y eso desagradó profundamente a Dios.

Los hebreos fueron llamados por Moisés a tener cuidado con toda influencia negativa pasada, presente y futura. Sabía perfectamente que los seres humanos regimos nuestra conducta muchas veces, por lo que vemos en los demás. Los judíos vieron como vivían los egipcios y llegó un momento en que querrían vivir así. Dios se los prohibió.

Luego, una vez instalados en la tierra prometida verían a los cananeos y tendrían la tentación de hacer como ellos y Dios le ordenó que de ningún modo intentaran seguir el tipo de vida que llevaban esos pueblos. Les traería ruina porque todo lo que ellos hacían era desagradable a Dios.

El creyente del siglo XXI tiene el mismo llamado: cuidarse de copiar o imitar lo que personas que no tienen temor de Dios hacen. Sometidos como ninguna otra generación a los medios masivos de comunicación, los hijos de Dios tienen ante sí el reto de vivir para Dios, basados en sus principios y valores y evitar seguir o ir tras conductas que no nacen del Señor.

Egipto y Canaán están más cerca de lo que pensamos y debemos evitarlos con el auxilio divino.

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