Hebreos 11: Moisés, una fe que desestima los privilegios

La Biblia dice en Hebreos 11: 24-26

24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Introducción

La historia de Moisés es un recuento de cómo la intervención divina dirige la vida de una persona que ha de servirle en un plan y propósitos más allá del entendimiento. Desde su nacimiento en peligro por la sentencia de muerte que había en Egipto pasando por su adopción como hijo de la hija de Faraón, hasta el momento en que asume su verdadera identidad, Dios condujo su vida.

De ser un niño sobre cuya vida pesaba un destino de muerte, Moisés pronto devino en el nieto de Faraón, el hombre más importante y poderoso de la nación a la que habían llegado los hebreos gracias a la posición de José, quien fue nombrado segundo en importancia en esa nación.

A diferencia de todos los niños que nacieron en su tiempo, Moisés vivió en palacio real de los egipcios. Fue criado con todos los lujos y comodidades que podían tener en aquellos días. Aprendió la lengua egipcia, fue instruido por los mejores maestros de esa época y conoció como ningún otro judío los entretelones de la primera familia de Egipto.

La historia universal nos ofrece una perspectiva muy clara del oropel y fastuosidad con la que vivían los faraones. Sólo para darnos una idea del grado de gloria humana que pretendía basta con ver las irrepetibles pirámides de Egipto que no son otra cosa que mausoleos donde están enterrados los faraones y sus familias.

Moisés vivió en esa opulencia. Creció sin absolutamente ninguna necesidad material. Alcanzó la mayoría de edad entre la ostentación y los recursos económicos sin ninguna medida o límite. Era el nieto de Faraón y tenía acceso a todos los privilegios que devienen de tener un parentezco con la familia real.

Era hijo de la hija de Faraón, dice el autor de la carta a los Hebreos para hacernos ver el grado o la alta posición que tenía este hombre porque la fe que alcanzó lo llevó a renunciar o dimitir de todos estos privilegios para servir a su pueblo que vivía luchando por sobrevivir cada día.

Una fe que se prueba y aprueba 

Moisés, una fe que desestima los privilegios

I. Aunque implique sufrir maltrato
II. Aunque implique sufrir carencias
III. Al poner la mira en el premio de Dios

Que lección la de Moisés para quienes piensan que la fe se asocia con la riqueza. Que contraste entre aquellos que suponen que confiar en Dios los llevará a obtener tesoros y toda clase de bienes, cuando en realidad la fe en muchas ocasiones va en sentido contrario a esas pretensiones.

Moisés tuvo en sus manos la decisión de vivir entre el lujo y el oropel o buscar a sus hermanos judíos y ayudarlos a salir de esa indigna esclavitud de la que eran objeto y decidió asumir la misma condición que ellos en un ejemplo concreto de que la fe es renunciar a nuestros deseos para elevarnos hacia Dios.

El autor de la epístola a los Hebreos nos sitúa en el momento en que Moisés supo su verdadera historia y conoció que era judío y se vio obligado a tomar una decisión. Era seguir viviendo como un egipcio o asumir su condición de hebreo en medio de una situación hostil contra ese pueblo.

¿A quién no le gustan los privilegios? ¿A quién no le gustan las riquezas? ¿A quién no le fascina tener un estilo de vida que permita disfrutar de los placeres de la vida? Creo, sin temor a equivocarme, que a todos. Pero Moisés nos muestra un camino distinto, un camino de renuncia a nuestros deseos y placeres.

I. Aunque implique sufrir maltrato

El verso veinticinco de nuestro estudio dice así: 

escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado.

El autor de la carta a los Hebreos nos ofrece la disyuntiva en la que se encontró Moisés cuando supo que no era hijo de la hija de Faraón. Podía decidir entre se maltratado con el pueblo de Dios o gozar de los deleites temporales del pecado. No era una decisión fácil porque ambas determinaciones estaban abismalmente separadas.

Una fe que desestima los privilegios se enfrenta al maltrato. La palabra maltrato procede de la raíz griega “sugkakoucheomai” que otras versiones traducen sencillamente como “soportar la adversidad”. Lo que quiere decir que Moisés se unió a su pueblo para soportar junto con ellos la adversidad.

El podía disfrutar del placer que implicaba vivir en el palacio real donde había toda clase de pecados y acomodarse para no sufrir ninguna molestia. No es una decisión fácil dejar el bienestar para asentarse entre problemas y dificultades como lo hizo este varón de Dios que nos da ejemplo de que la fe muchas veces nos impone renunciar.

El gran líder de los judíos hizo una valoración para decidir qué hacer. Frente a la solidaridad con su pueblo y la empatía con ellos, puso en la balanza qué era más importante: ayudarlos o disfrutar de los placeres momentáneos que trae consigo el pecado. Era vivir como un egipcio lleno de maldad y pecado o sufrir con los suyos. Su fe lo llevó a unirse a sus hermanos.

II. Aunque implique sufrir carencias

Renunciar a las riquezas materiales fue quizá la lucha más grande de este hombre. En Egipto su destino y futuro estaba garantizado. No solo tenía su sustento diario asegurado, sino que tenía garantizado bienes no solo para él, sino para sus siguientes generaciones. Nada le haría falta a él y a sus descendientes.

Los tesoros egipcios no son cualquier cosa. Casi todas las excavaciones en las pirámides de Egipto han descubierto que al morir los faraones eran enterrados con muchos de sus bienes. Sus posesiones eran inmensas y toda la familia del gobernante de egipcio, en consecuencia, tenía muchos bienes.

El verso veintiséis de nuestro texto dice así:

teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios.

La fe de Moisés renunció a las riquezas de los egipcios para soportar las carencias de una vida sin lujos y sin excesos. El autor de la carta a los Hebreos dice que en realidad Moisés lo que hizo fue elegir los vituperios de Cristo. La palabra vituperio significa sufrimientos, dolores y pesares.

Al hacerse como los necesitados judíos, lo que en realidad Moisés estaba haciendo era copiar el estilo de vida que Cristo llevó, hacerse pobre para enriquecer a muchos. Lo de Moisés fue una renuncia voluntaria, a sabiendas de que perdería absolutamente todo lo que tenía en Egipto.

La fe de la que nos habla Hebreos es una fe que no prioriza o no hace del dinero el bien primordial, sino el servicio a Dios y a sus semejantes. Lo de Moisés es una tremenda lección para todos aquellos que piensan que la fe es hacer dinero u obtener riquezas. La fe de Moisés es una fe que renuncia a lo material.

¿Eso implica un voto de pobreza?, no necesariamente. Dios suplió las necesidades de Moisés en el desierto. Su labor no requeriría más que sus necesidades suplidas, luego entonces Moisés eligió correctamente. Que equivocados estamos cuando pensamos que carencias significan que Dios no está con nosotros.

Que hermosa interpretación de lo que Moisés hizo dos mil años antes. Siguió el ejemplo de Cristo. Renunciar a nuestros privilegios es recordar que Cristo no escatimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó de sí mismo. Cuando nosotros dejamos de lado nuestros privilegios en realidad estamos imitando a Cristo.

III. Al poner la mira en el premio de Dios

Moisés se elevó por encima de los deleites temporales de este mundo y miró lo que le sirvió para renunciar a su condición de nieto del Faraón: vio el galardón que le espera a todos aquellos que renuncian a lo temporal, que dimiten de lo material y que abdican de lo superficial de este mundo.

El autor de la carta a los Hebreos nos ubica en la perspectiva que tuvo Moisés para tomar una determinación tan difícil para quienes las posesiones materiales son tan importantes como su vida. Hay algo más fuera de este mundo. La Escritura nos recuerda que las riquezas son temporales, pero la fe nos hace trascender.

La última parte de nuestro verso veintiséis dice así:

porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Una frase de la que solo tomaremos la expresión galardón porque en el siguiente estudio veremos que Moisés desarrollo su sentido de la vista espiritual como ningún otro creyente de su tiempo.

Moisés veía más allá de lo temporal. Moisés vio lo que le esperaba una vez que terminará su labor como dirigente del pueblo de Israel era la mejor recompensa.

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