Que la palabra de Dios corra

Dice la Biblia en 2ª Tesalonicenses 3: 1 Por lo demás hermanos orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros.

Pablo recuerda como los habitantes de la ciudad de Tesalónica recibieron la palabra de Dios. Según nos relata Lucas en el libro de los Hechos esto fue lo que sucedió en ese lugar:

Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos,  declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.  Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Hechos 17: 1-4

En Tesalónica creyeron algunos judíos, muchos griegos piadosos y también muchas mujeres de la nobleza de ese asentamiento, que por cierto, sigue existiendo en la actualidad en Turquía, y aunque enfrentó cierta oposición lo cierto es que la palabra de Dios se diseminó por toda la ciudad.

Pablo recuerda ese hecho y lo califica como un tiempo en que la Escritura avanzó rápidamente entre los tesalonicenses en un hecho sumamente placentero y gozoso para Pablo, que no tenía otra misión que la de anunciar entre los gentiles las buenas nuevas de salvación.

Y por eso le pide, a los ahora creyentes de esa iglesia, que se esfuercen y oren para la revelación divina siga ese mismo paso a los lugares a donde la anuncia. Pablo sabe perfectamente que anunciar el evangelio siempre tiene resistencias, oposición y, en no pocas ocasiones, enemigos que se oponen a que sea dada a conocer.

El mensaje de Cristo, que trae tantos beneficios para quienes lo reciben y obedecen, no es del agrado de todos los seres humanos. En algunos casos porque revela o exhibe su vida llena de inmoralidad y  presenta el tipo de conducta que despliegan totalmente alejada de los principios que Dios demanda.

Por eso debemos pedirle a Dios que ayude a quienes la difunden, les de fuerzas para resistir las acechanzas del maligno y sobre todo renueve su vigor a la hora de enfrentar a quienes se oponen, para no cansarse ni desmayar, sino al contrario tomar nuevos bríos y seguir proclamando el evangelio de Cristo.

Pablo pide que los creyentes oren para que la Escritura se difunda y sea recibida con honor entre las personas que la escuchan. Es tan vital la palabra de Dios para sus vidas que si la rechazan sufrirán mucho en esta vida y en la venidera.

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