Restauración

La Biblia dice en Oseas 1: 10

Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.

Cansado de extender su amor, como un esposo lo hace y recibe infidelidad de parte de su esposa, Dios usa ilustrativamente la vida del profeta Oseas para enseñarle o mostrarle a la nación que escogió para hacer habitar su nombre que definitivamente los abandonará y dejará a mereced de sus enemigos que los exiliarán de la tierra de Israel.

Oseas fue un profeta que Dios envió a las diez tribus del reino del norte conocido como Efraín. Esas tribus se empeñaron en agraviar a Dios. Pecados abominables, conductas lejos de la santidad de Dios y una vida imitando a los pueblos vecinos en su idolatría y practica insana de toda clase de perversidades los llevaron a Asiria donde fueron desterrados.

No volvieron nunca más a la tierra de Israel. La política de guerra de los asirios era sacar de su tierra a las naciones conquistadas y en su lugar poner a otro pueblo. Eso fue lo que hicieron con Efraín y en su lugar llevaron un pueblo que finalmente se mezcló con los judíos del sur –Judá y Benjamín– y finalmente dieron lugar a los samaritanos.

Antes de que fueran cautivos a Asiria Dios les envió al profeta Oseas para advertirles su destino. A cada uno de los hijos que tuvo Oseas con Gomer su infiel esposa fue llamado con un nombre relacionado con la conducta del pueblo de Israel. Su tercer hijo lo llamó Lo-ammi que significa no son mi pueblo, ni yo soy su Dios.

Dios los había desechado por su pecaminosa conducta. Sufrieron porque cuando Dios se aparta de su pueblo y de sus hijos lo único que viene a la vida de las personas es mucho sufrimiento. El dolor es desgarrador para quienes se apartan de sus caminos. Padecerán lo inimaginable. Llorarán y mucho. Gemirán a causa de darle la espalda a Dios.

Sin embargo, Dios en su infinita bondad promete restaurarlos. Esa es la promesa que Dios le dio a Efraín. Serían desconocidos por Dios, pero solo un tiempo, al final de los días volverían a la nación santa de Israel multiplicados como la arena del mar que no se puede medir ni contar.

Dios quería ahorrarles el sufrimiento que implica olvidarse de Dios, pero los hijos por ser hijos tendrán una segunda oportunidad que Dios les dará para que le sirvan con todo el corazón. El mensaje de Oseas es claro: no te alejes de Dios o sufrirás sin el auxilio de Dios, si estás alejado, regresa el Padre te espera con los brazos abiertos para restaurarte.

Dios siempre nos restaura porque quiere que vivamos y convivamos con él siempre. Dios perdona y olvida cuando nos volvemos a él con todo el corazón.

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