La patria celestial

La Biblia dice en Éxodo 2: 22

Y ella le dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: Forastero soy en tierra ajena.

Moisés dejó a Egipto a la fuerza la primera vez que salió de allí. No era su plan dejar la tierra donde había crecido, pero el homicidio de un egipcio que maltrataba a un hebreo que intentó ocultar, pero que fue descubierto, lo obligaron a salir de ese lugar y se trasladó a Madián, donde conoció a Séfora, su mujer e hija del sacerdote Jetro.

Una vez que se casó con ella y ella concibió su primer hijo, Moisés decidió llamarlo Gersón que significa forastero, extranjero, extraño avecindado y todo aquello que le recordaba que no estaba en su tierra, la tierra de Egipto. A pesar de todo lo que había visto en Egipto en la corte de Faraón y entre el pueblo de Israel, se seguía sintiendo egipcio.

No tenía la culpa. Había pasado su infancia y su juventud allí. Conocía la lengua egipcia y sus modales y algunos rasgos era netamente egipcios, pero su apego a esa nación pagana se debía a que allí tenía a su familia y por eso no se sintió a gusto, a pesar de que tenía familia ya en Madián.

Sabía que tenía que regresar, que debía de regresar. Dios aún no se le había revelado, pero él sabía perfectamente que Madián no sería su tierra. Sabía que no podría retorna a Egipto por lo que había hecho al salir de allí, pero tampoco se sentía del todo bien sabiendo la situación en la que vivían sus compatriotas.

Nombrar a su hijo como Gersón fue una manera de recordar que en ese lugar era un extraño, un fuereño que necesariamente debía de volver de donde salió, lo que representa una gran lección para nosotros a quienes siempre se nos recuerda que este mundo es pasajero y que nosotros somos peregrinos en él.

La patria de nosotros está en el cielo. Pablo le escribió a los filipenses y les dijo que su ciudadanía estaba en los cielos, de donde esperaba a su Salvador. Pensar en eso o estar conscientes de esa verdad nos permitirá anhelar más la tierra celestial que este mundo en donde solo encontramos aflicción y persecución.

Nuestro Señor viene pronto y con él su galardón y por eso debemos recordar siempre que estamos de paso aquí. No hemos llegado al mundo para quedarnos para siempre en él. Somos advenedizos que estamos una temporada solamente y un día regresaremos al hogar de nuestro Padre.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: