La presencia de Dios destruye el temor

Dice la Biblia en Salmos 118: 6 Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

Vivimos tiempos de gran peligro. Los índices delictivos de México se han incrementado gravemente. El fenómeno no es privativo de nuestra nación. América Latina se encuentra en una espiral violenta sin precedentes y ni que decir de los países llamados del primer mundo. El orbe completo está sumergido ese devastador mal social.

Los homicidios se multiplican por doquier. Los medios de comunicación tradicionales y los de las nuevas tecnologías dan cuenta de lo irracional que se ha convertido el ser humano al dañar a su prójimo. Nos estremecemos con las historias diarias que leemos, vemos y conocemos de personas que perdieron la vida o resultaron lesionadas por otra persona.

El salmista que escribió este verso que hoy meditamos se encontraba en esta situación. El peligro lo rodeaba y lo estrujaba. Tenía enemigos dispuestos a dañarlo y se perturbaba con esa verdad. Quién no se asusta ante seres que han perdido todo afecto natural y van por la vida dañando a los demás.

Sólo que este varón de Dios nos ofrece su antídoto a esta situación. La seguridad y certeza de que Dios está con él. La presencia divina en su vida de manera cotidiana le ayudaron a enfrentar esta clase de situaciones. La compañía de Dios es el instrumento más eficaz para hacer frente a los peligros que acechan nuestra vida.

Los hombres malos siempre van a existir. La historia da cuenta de ellos. Es cierto en nuestros días parecen multiplicarse como hongos, pero frente a ellos Dios siempre estará con nosotros para defendernos. Esa debe ser nuestra única ocupación: cerciorarnos de que Dios está con nosotros.

Así podremos afirmar sin el menor asomo de duda de que no temeremos lo que el hombre o los hombres nos puedan hacer. La presencia de Dios en nuestra vida disipará todo miedo, temor y hasta terror. Los hombres tienen límites. Esos límites los ha puesto Dios y llegan hasta donde Dios los deja.

Jesús les dijo a sus seguidores que no tuvieran miedo de ellos porque solo podía matar el cuerpo, pero no el alma. No es que todos moriremos violentamente, pero si eso llegara a ocurrir, que Dios no lo permita, tenemos la garantía que solo hasta allí llegará la maldad de los hombre. No más.

Pero Dios siempre nos guardará para evitar que nos dañe como es su deseo contra nosotros. No tengas miedo de lo que te pueda hacer el hombre. Solo cerciórate de que Dios está contigo.

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