Las preguntas de Jesús: ¿Cómo me creerán si les hablo de las cosas del cielo?

La Biblia dice en Juan 3: 12

Si os he dicho las cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Introducción

En el capítulo tres, el apóstol Juan nos ofrece una profunda plática que Jesús tuvo con Nicodemo, un principal de entre los judíos. Para entender quien era este personaje debemos decir que era un maestro de la Torá hebrea, era fariseo e integrante del sanedrín judío, el máximo órgano deliberador de los preceptos y enseñanzas de la ley judía.

Juan es el único evangelista que lo menciona en tres ocasiones en su evangelio. Cuando habla con Jesús en el capítulo tres, cuando lo defiende de las falsas acusaciones en su contra y cuando se une con José de Arimatea para sepultar a Jesús y compra las especias aromáticas para preparar el cuerpo.

Fue un hombre que buscó a Jesús de noche por temor a sus compañeros de sanedrín, pero tuvo el valor de acercarse a quien para esos días era un reconocido maestro con muchos seguidores, pero sin pertenecer a ninguna de las importantes corrientes teológicas de ese tiempo: fariseos, escribas, intérpretes de la ley y saduceos.

A Nicodemo le llamó poderosamente la atención es hombre que enseñaba de una manera tan sencilla las verdades espirituales como nadie lo había hecho nunca en Israel. Nadie como Jesús para enseñar a doctos e indoctos, a niños, jóvenes, adultos y ancianos. A todos por igual Jesús les dirigía sus palabras.

Fue entonces que este principal de entre los judíos lo buscó y Cristo le hizo varias preguntas. Hemos estudiado aquella que dice: ¿Eres tu maestro de Israel y no sabe estas cosas? Y ahora estudiaremos: ¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales? Cuestionamientos que le dirigió para hacerle reflexionar que solo les había enseñado verdades terrenales, sin llegar a las celestiales.

Y no había procedido a mostrar sus pedagogía celestial porque no creían o no aceptaban sus palabras. Los judíos, como muchos de nosotros, tenían grandes dificultades para aceptar las verdades espirituales de Cristo y en muchas ocasiones nos conformamos con saber aquello que podemos entender y lo que no entendemos lo desechamos.

Las preguntas de Jesús 

La dificultad para creer las verdades espirituales de Cristo

I. Aceptar que nacemos de nuevo
II. Aceptar la salvación de la condenación eterna
III. Aceptar que murió en la cruz por amor

Nicodemo era un connotado y reconocido maestro de los hebreos de los tiempos de Jesús. Todos aceptaban sus enseñanzas y era de las voces autorizadas para calificar qué clase de enseñanza tenía como origen el pentateuco y cuál no. No era un ignorante en esas materias, pero frente a las enseñanzas de Cristo sí.

Tres aspectos encontramos en la charla que Jesús sostuvo con él que nos permiten descubrir que el mensaje del Señor no fue comprendido por este hombre que se suponía era el pedagogo de los israelitas y por ello Jesús lo interroga sobre su compresión espiritual en asuntos que debería entender perfectamente.

I. Aceptar que nacemos de nuevo

La grande enseñanza que se desprende del capítulo tres de Juan es justamente el nuevo nacimiento. Los hombres tienen que nacer de nuevo porque si alguien está en Cristo nueva criatura es; las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas, como escribió el apóstol Pablo.

Solo que cuando Jesús se lo planteó a Nicodemo su respuesta dejó sorprendido a Jesús. Nicodemo le dijo que nacer de nuevo sería imposible porque ¿Cómo un hombre ya grande podría entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo? Eso era ilógico, antinatural y por consiguiente imposible.

Pero Jesús estaba hablando en términos estrictamente espirituales y Nicodemo no lo entendía como muchos de nosotros en muchas ocasiones no llegamos a comprender las verdades espirituales del evangelio que son básicas como amar a nuestros enemigos, orar por los que nos aborrecen y hacer bien a los que nos dañan.

Nacer de nuevo fue incomprensible para Nicodemo y Jesús recurrió entonces a un ejemplo muy sencillo para hacérselo saber: usó al viento. Le dijo que nadie puede ver el viento, pero oyen su sonido sin saber de donde viene y para donde va. Así son los nacidos de nuevo, como el viento.

La manera de comprobar que alguien ha nacido de nuevo es por los resultados de la vida. El viento no se ve, pero sentimos sus efectos. De igual manera los nacidos de nuevo tienen una evidencia irrefutable de que han nacido de nuevo: su conducta se ajusta a los valores y principios que enseña el Padre celestial.

II. Aceptar la salvación de la condenación eterna

El segundo ejemplo que encontramos en Juan tres sobre las verdades espirituales que resultan difíciles de comprender es que para salvarnos de la condenación solo tenemos que levantar nuestra vista a Cristo con fe. Nada más y nada menos. Levanta tu mirada al Señor para salvarte del pecado.

Dice Juan 3: 14-15 

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Para mostrar esta enseñanza Jesús recurrió a un ejemplo del libro de Números 21 donde se relata la mortandad que sufrieron los judíos por su pecado y Dios le ordenó a Moisés diseñar una serpiente de bronce para que fuera levantada en el campamento y todo el que alzare sus ojos para verla viviría.

Así de accesible está la salvación. Mirar a Cristo. Pero hasta eso se ha hecho incomprensible para las personas que se les hace muy simple alzar su corazón frente a Cristo para ser redimidos del pecado y la maldad. Que sencillo es el mensaje de salvación para la humanidad, pero que incomprendido también.

Nicodemo, maestro de la ley  estaba ante una interpretación de ese pasaje que nunca en su vida había oído. Cristo se estaba comparando con esa serpiente de bronce para salvar a los judíos. Eran enseñanzas básicas para Cristo, pero a Nicodemo y a muchos de su generación les resultó incomprensible.

III. Aceptar que murió en la cruz por amor

Justamente en este capítulo encontramos el verso más citado por creyentes y hasta por incrédulos:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. (Juan 3:16)

La muestra más grande de amor al ser humano lo contemplamos en la cruz. Esa es la demostración de que Dios estaba y está interesado por la humanidad. Que su deseo es que todos se salven porque nos ama con tal tamaño de amor que entregó a su propio hijo por todos nosotros.

Qué incomprensible se ha vuelto para las personas el amor de Dios. Dios nos sigue amando a pesar de todo el mal que nos rodea. Nunca ha dejado de amarnos, a pesar de que nosotros pensamos que en estos días de pandemia nos ha abandonado, eso jamás ocurrirá porque nada nos podrá separar del amor de Cristo.

Pablo escribe al respecto: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro o espada?

Nada nos podrá separa de ese inmenso amor que Dios nos mostró en la cruz, la única forma de que eso ocurra es que nosotros le demos la espalda.

Estas verdades espirituales resultan incomprensibles para muchos como resultaron difíciles de comprender a Nicodemo y por eso le preguntó: ¿Cómo creeréis si os dijere las celestiales?

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