Autosuficiencia

Dice la Biblia en Apocalipsis 3: 17

“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tu eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.”

De acuerdo a este versículo es todavía más trágico el orgullo espiritual que el orgullo por los logros materiales. La parábola del fariseo y el publicano sintetizan hasta donde puede caer un soberbio espiritual cuando de “presumir” sus logros se trata y así era el caso de esta iglesia.

Exaltar desmedidamente nuestro “esfuerzo humano” por encima de la gracia de Dios nos coloca en el mismo lugar que el Señor puso a la iglesia de Laodicea: el más bajo nivel espiritual. Se cumple fielmente la enseñanza de Cristo: El que se humilla será exaltado y el que se exalta será humillado.

La iglesia de Laodicea es una iglesia autosuficiente, altiva y altanera, pegada de sí misma y con aires de mucha grandeza, incapaz de reconocer su profunda necesidad espiritual y en consecuencia comportarse como si el Señor estuviera en deuda con ella y no a la inversa.

La iglesia de Laodicea representa al creyente moderno que, una vez suplidas sus necesidades espirituales y materiales, considera innecesario orar, leer y estudiar la Escritura, congregarse para adorar al Señor y mirar por los necesitados. Es el creyente que se siente muy a gusto con su “religión”, pero es incapaz de depender totalmente de Dios.

En el plano material es fácil diferenciar entre alguien que tiene necesidad y otro u otra que no tiene necesidad. Son completamente diferentes: el necesitado se humilla para conseguir sus necesidades, el que no necesita es soberbio y orgulloso para con sus semejantes. Y en el plano espiritual funciona igual.

El mensaje a la iglesia de Laodicea nos muestra que al mirarnos a nosotros mismos podemos caer en el grave error de la autosuficiencia y complacencia al grado de llegar a pensar que no tenemos necesidad de nada, pero en realidad nuestra condición es totalmente diferente.

Los laodicenses en realidad eran unos desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos. Características que nos lleva a considerar a una persona en el nivel más bajo que pueda haber en el nivel social. Ellos se creían ricos, pero en realidad eran más miserables que un mendigo enfermo.

Los creyentes nunca debemos olvidar que somos lo que somos gracias a Dios y tenemos lo que tenemos gracias también a Dios. Solo el orgullo y la altivez nos harán pensar que no necesitamos a Dios en nuestras vidas y eso es un desliz peligroso para nuestra vida espiritual.

Las palabras dirigidas a Laodicea son muy fuertes, pero son un llamado de atención para deshacernos de la autosuficiencia tan fácil de caer en ella. Los redimidos de Cristo son eso y nada más. Ninguno debe tener más alto concepto del que debe tener.

Bendecido jueves.

 

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