Augusto César

Dice la Biblia en Lucas 2: 1 “…en aquellos días que se promulgó un edicto de parte de Augusto César…”.

Augusto César fue el primer emperador de Roma. Su nombre real no fue ese. Él se llamo Cayo Octavio Turino, sin embargo a la muerte de su tío abuelo Julio César que lo adoptó como hijo suyo en su testamento cambió su nombre por el de César en honor a su padre adoptivo.

El titulo Augusto, que significa venerable o venerado, lo utilizó porque el senado romano se lo autorizó, pero también porque con él se autoproclamaba como un dios. De hecho a partir de su gobierno, sus sucesores utilizaron el término “augustus” y en honor a él el mes de agosto se denomina así.

Pues ese hombre que se creyó un dios, fue el instrumento que el Señor utilizó para cumplir con sus planes soberanos en una especie de ironía de esas que Dios le gusta hacer para recordarle siempre a la humanidad que Él es Señor y no comparte con nadie su gloria.

De Roma a Nazaret hay una distancia de mas de cuatro mil kilómetros. En tiempos bíblicos era una distancia considerable porque recorrerlo por tierra o por mar era demasiado prolongado. Eran semanas y meses los que se requerían para aquellos que emprendieran el periplo.

Cuando Augusto César ordenó censar o contar a la población judía del lejano territorio de Israel nunca se imaginó que con esa determinación provocaría el traslado de José y María a Belén de Judá de donde era originario el padre legal de Jesús por ser desciende y familiar del rey David.

Augusto César, el pretencioso emperador romano ni siquiera pensó que él formó parte de la trama o los designios que Dios tiene para llevar a cabo sus planes. Lo que venía siendo una determinación caprichosa, sin sentido alguno se convirtió en el gran instrumento para que Jesús naciera en Belén como estaba profetizado.

Un edicto humano firmado por un gobernante impío hizo que José y su familia se movieran de Nazaret hacia Belén cuando sus planes eran que su primogénito naciera en Nazaret. Humanamente nadie los habría hecho cambiar de opinión. Eran las últimas semanas del embarazo cuando tuvieron que salir de allí.

Me encanta saber que los gobernantes que se piensan los poseedores del poder y el dominio sobre las personas y su destino, únicamente cumplen con un plan diseñado por Dios antes de que ellos llegarán al poder. Dios los pone allí con un propósito suyo, con un plan que esconde ante sus ojos, pero que luego revela a sus hijos.

El poder de Dios es tan grande que los poderosos sin saberlo cumplen con su voluntad para ejecutar los inescrutables hechos que Dios tiene preparados para su pueblo. Jesús tenía que nacer en Belén para que se cumpliera lo dicho por el profeta Miqueas y cuando parecía que esto no sucedería apareció en la escena Augusto César, el que se pensaba dueño del mundo.

Y apareció para hacer que la palabra de Dios se cumpliera. Bendito nuestro Dios para siempre que cuando todo parece perdido mueve hasta a los impíos para que su voluntad perfecta se cumpla. Jesús debía nacer en Belén y no en Nazaret y para que eso ocurriera el Señor usó a quien se pensaba el dueño del mundo.

 

 

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