El final de los enemigos del Señor

Salmos 37:20

Más los impíos perecerán y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros serán consumidos; se disiparán como el humo.

Introducción

Los impíos tienen, además de marcado su destino: serán destruidos, tienen uno de los adjetivos más trágicos: son enemigos de Dios y este calificativo los pone en una situación extremadamente frágil porque a lo largo de la historia bíblica nadie que ha caído en semejante condición ha logrado salir airoso o con vida.

Los enemigos del Señor se han contado por decenas y con altivez y orgullo se yerguen, solo para servir de escarmiento porque nunca Dios ha perdido una batalla contra ellos. Los enemigos del Señor están condenados a salir derrotados siempre de una manera humillante.

En el libro de Deuteronomio 32:41 y en el salmo 68:1-2 encontramos la determinación de Dios de hacerse cargo personalmente de esta clase de personas que al haber perdido todo temor por Dios, se obstinan en practicar la maldad.

David dice con toda claridad que el final de ellos está marcado por dos acontecimientos:

  1. Los enemigos del Señor perecerán

2. Los enemigos del Señor serán consumidos

2.1 Como la grasa de los carneros

2.2 Como el humo

Los enemigos del Señor perecerán

La palabra hebrea para el término “perecerán” es “abad” y se traduce como “desaparecerán”. Algunas versiones lo traducen simplemente como se extinguirán. El final de esta clase de personas es desaparecer de la tierra sin dejar rastro alguno de su existencia. Su maldad es tan grande que dejarán de ser para siempre.

No habrá recuerdo ni memoria que honre su paso por la tierra.

Los enemigos del Señor serán consumidos

Para la expresión “consumidos” el hebreo usa la raíz “kalah” para referirse al final o la terminación de una obra o acción. En algunos pasajes se traduce como cesar, terminar y consumir, que es el sentido con el que se usa en el versículo veinte del salmo treinta y siete.

Como la grasa de los carneros

La grasa de los carneros es la parte que menos resiste el fuego cuando se incinera o se cocina en fuego directo la carne de esos animales. Dios compara de esta manera a los impíos.

Como el humo

La segunda comparación es todavía más sencilla, pero más fuerte a la vez. El humo dura menos todavía que la grasa de los carneros. El humo dura si no hay viento cuando se está quemando algo, pero una vez que sopla el viento desaparece para nunca más volver.

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