Parábola de la viuda y el juez injusto: Fastidiemos a Dios con oración

Lucas 18: 1-8

1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.

Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Introducción:

Está parábola fue enseñada por Jesús con la clara intención de hacer entender a sus seguidores de todos los tiempos la necesidad vital de orar siempre y no desmayar cuando lo que se le pide a Dios parece no llegar o circunstancias por las que se pide en lugar de mejorar parecen empeorar.

La oración representó para Jesús una tarea vital. Lo encontramos en el ayuno de cuarenta Dios. Marcos en su evangelio nos dice lo siguiente: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba.” (Marcos 1:35).

Lucas nos dice que “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles. (Lucas 6:12-13).

Con esta parábola los creyentes debían aprender a 1. Orar siempre y 2. No desmayar. En otras palabras la oración exige y demanda constancia y fidelidad.

Para Jesús la oración era fundamental en la vida del creyente y quiso remarcar su relevancia con esta interesante parábola que hoy estudiaremos así:

Fastidiemos a Dios con la oración

  1. Él no es como el juez injusto
  2. Nosotros sí debemos ser como la viuda
  • Dios hará justicia a nuestro clamor
  1. Dios no se tardará
  2. Preservemos la fe hasta el final

Él no es como el juez injusto

Jesús comparó a Dios con el juez injusto de la parábola. Los jueces en los tiempos de Jesús eran muy comunes. Los hebreos se sometían a dos jurisdicciones o dos tipos de jueces. Los de su nación y los de Roma. Dependiendo de su reclamación podían hacerlo con unos o con otros.

Es muy probable que el juez injusto del que habla Jesús sea romano porque su expresión “Ni temo a Dios” corresponde más bien a un gentil más que a un hebreo y en la historia romana encontramos a verdaderos criminales aplicando justicia, por supuesto una justicia selectiva, bajo sus intereses y sobre todo injusta.

Cuando comparamos a esa clase de jueces con nuestro Señor nos damos cuenta que nuestro buen Dios jamás será como esa clase de hombres que arrogantes y soberbios declaran justicia según sus mas aviesos intereses, por el contrario la justicia de Dios es la más exacta para sancionar infracciones y para premiar buenas conductas.

Nosotros sí debemos ser como la viuda

La viuda es el mejor ejemplo de cual debe ser nuestra actitud al acercarnos a Dios. Ni altivez ni conducta sobrada, sino humildad y sencillez reconociendo nuestra pobre condición ante el Señor porque nada tenemos que podamos ofrecerle al dueño del universo y de nuestra vida.

La viuda pobre era la condición social más baja que existía en los tiempos de Jesús. La falta de esposo y de hijos hacían insostenible su vida e insoportable su existencia porque era objeto de toda clase de atropellos desde considerarla una maldita por haberse quedado completamente sola hasta despojarla de lo único que tenía.

Por eso cuando Jesús se encontró con el féretro del hijo de la viuda de Naín lo resucitó para que su madre no quedará desvalida. La mujer de por sí tenía una condición desventajosa en los tiempos de Jesús, pero una viuda casi era una paria en todo Israel y eso la hacia sumamente vulnerable.

El creyente debe acercarse en oración a Dios con la humildad de una viuda. Haciendo como si nada tuviese, porque en realidad nada tenemos. Eso será un aliciente para no dejar de orar y no desmayar. La autosuficiencia o creer que no necesitamos nada nos conduce a un camino equivocado en la oración.

Dios hará justicia a nuestro clamor

La justicia de Dios. Aquí la palabra griega utilizada para justicia es “krites”. Expresión relacionada con otorgar a cada quien lo conforme a su conducta merece. La oración con constancia y fidelidad tiene como recompensa la respuesta justiciera de nuestro buen Dios.

El clamor que levantemos ante nuestras necesidad será contestado por el Señor y su poderosa mano se dejará sentir en medio de ese problema o circunstancia compleja y difícil. Dios repara las injusticias que se cometen contra nosotros y la parábola de hoy nos enseña que la oración es la mejor arma que podemos emplear.

Dios no se tardará

Dios nunca olvidará nuestras oraciones. Claro que las responderá y dará respuesta a lo que tanto le hemos pedido. Sólo reclama de nosotros constancia y fidelidad a toda prueba. Demanda sólo de nosotros que nuestro clamor sea de día y de noche, es decir permanentemente.

Vivimos tiempos en que la inmediatez o rapidez para todo quiere influenciar también nuestra vida espiritual. En tiempos en los que hay café instantáneo o noticias que sólo tardan unos segundos en conocerse en todo el mundo, creemos que la oración debe seguir esa dinámica y no es el caso.

Perseveremos hasta el final

Jesús lanzó una interrogante preocupante: “¿hallará fe en la tierra? En primer termino, siguiendo el curso de nuestro estudio, es un llamado a mantenernos siempre en oración, pero también es una advertencia o preparación para saber que conforme se acerque su regreso el mundo será cada vez más incrédulo.

Conclusión:

La oración demanda constancia y fidelidad. Sólo de esa manera podremos convencer el corazón de Dios.

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