Confianza absoluta en Dios

Declaración de confianza

Ante los enemigos mortales que tiene David su primera reacción es hacer una declaración de confianza. Primero mira a Dios para enfrentarlos y luego todo lo demás. La actitud de David es muy importante porque su mirada la dirige a Dios para fortalecer su fe. Mirar solo a nuestros enemigos nos llenará todavía más de miedo y temor.

Jehová es mi luz y mi salvación

El hebreo traduce la frase “Jehová es mi luz” así: “Adonay orí veyshí”. La expresión “Adonay” generalmente se traduce como Señor, Dueño, Amo y David está diciendo que el Señor es su luz. Para la palabra “luz”, David utiliza la palabra hebrea “orí” que aparece tempranamente en la Escritura en Génesis 1:3.

La palabra “luz” es verdaderamente apasionante porque su significado encierra verdades de gran relevancia para los creyentes de todas las épocas y edades. Está luz no es ni la luz natural del sol y tampoco la luz artificial creada por el ser humano para alumbrar la oscuridad.

En el Antiguo Testamento la palabra “luz” también se traduce como resplandor, alba, claridad, lumbrera y a veces como sol. Pero su sentido en Génesis 1:3 nos habla de una luz distinta a la natural o la que nos da el sol debido a que cuando Dios habla de esa luz, todavía no se había creado el sol que todos conocemos.

Si no es la luz natural de la que esta hablando el libro de Génesis, qué luz es entonces a la que se refiere David. Es la luz que emana de la presencia misma de Dios. Su gloria, su misma presencia. La luz de la que habla David es la misma luz de la que no habla Juan en su evangelio 1:1-4.

Esta luz la encontramos en la conversión de Pablo en Hechos 9:22 y fue tan intensa y tan distinta al sol que el apóstol quedó convencido que esa luz era la misma luz de Dios según leemos en Hechos 22:6, 26:13. Pero no solo Pablo experimentó esa luz, también Pedro la conoció de acuerdo a Hechos 12:7.

La luz a la que apela David es una luz que libera, salva y rompe con ataduras de cualquier clase o especie.

Para la palabra “salvación” que usa David en este versículo se utiliza unas treinta y seis veces en el Antiguo Testamento y procede de la raíz etimológica “yesha”. La palabra tiene al menos tres traducciones en el A. T. a) Seguridad, bienestar y/o prosperidad 2º Samuel 23:5.

También b) Salvación, es decir rescate físico, principalmente e c) Victoria, como se utiliza en el salmo 20:7. En el texto que hoy estudiamos se traduce como rescate, es decir David esta diciendo que Dios es quien lo rescata y por eso no tiene temor o no se atemoriza.

La declaración de confianza de David está basada en Dios que es su luz y su salvación u consecuentemente no tendrá temor. Para “temor” el hebreo utiliza la palabra “i’ra” que se una unas nueve veces en el Antiguo Testamento. Neh. 6:13, Salmos 3:6, 23:4, 56:3, 4 y 11, 118:6 son otros textos donde también aparece “temor”.

La palabra “temor” procede de la raíz hebrea “yaré” que se usa en Génesis 3:10 y que la versión Reina Valera 1960 traduce como miedo. “Yaré” se usa también en Gén. 18:15, Ex. 2:14 y 1º de Sam. 17:11.

Jehová es la fortaleza de mi vida

La palabra “fortaleza” proviene de la expresión hebrea “maowz” que se usa once veces en el Antiguo Testamento como “defensa”. Por eso en algunas traducciones el verso en lugar de traducirse como “Jehová es la fortaleza de mi vida” se traduce como “El Señor me defiende”. La idea del salmista es afirmar el cuidado de Dios de una manera absoluta y segura.

La voz fortaleza nos conduce a pensar en algo o alguien muy fuerte que será capaz de resistir los embates más duros que vengan contra él. De hecho la palabra fortaleza se utiliza en el lenguaje militar para llamar así al lugar donde se resguardaban los ejércitos por su capacidad para proteger y salvaguardar.

Para David, Dios es su fortaleza, el lugar donde puede estar completamente seguro porque nada ni nadie podrá alcanzarlo.

Y como Dios lo defiende, entonces, no se atemoriza. Atemorizar proviene de la voz hebrea “pachad” que se usa por primera vez en Deuteronomio 26:66-67. Job experimento esa clase de emoción que nos llena de zozobra y angustia, según leemos en Job 3.25 y 4:14.

David tenía a Dios como su luz, como su salvación y como su fortaleza y por eso el temor no tenía cabida en su vida.

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