La paja en el ojo ajeno

Dice la Biblia en Mateo 7:4 “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas a ver la viga que está en tu propio ojo?”.

Cuando cursé la licenciatura en Derecho en Oaxaca, México ocurrió esta anécdota que hoy les comparto:

En una de las clases el pase de lista se hacía en una hoja donde cada alumno escribía su nombre para agilizar la asistencia a la materia. Mientras esto ocurría el profesor explicaba el tema del día. En una ocasión uno de los compañeros se enfrascó en una discusión con el maestro señalando la corrupción que prevalecía en el sistema de justicia.

Otros intervinieron; se hizo una polémica y se trato de llegar a una conclusión. Cuando finalizó el horario de la materia, el catedrático pasó lista para comprobar la asistencia. Se suponía que era un hecho que tenían que estar todos los que estaban apuntados en esa lista. Pero apareció un nombre que no estaba en el salón.

Alguien en el grupo se le había hecho fácil anotar a un amigo, suponiendo que el profesor no corroboraría la lista. A todas luces era algo incorrecto. El profesor con sagacidad descubrió al autor de esta trampa. Sólo le basto mirar el tipo de letra con el que se escribió y el tipo de pluma y tinta. Y dio con el responsable.

Fue el mismo alumno que comenzó la discusión sobre la corrupción en el sistema de justicia. Cuando el profesor lo descubrió le dijo: “Por eso hay corrupción compañero”. La risa fue generalizada y la vergüenza del estudiante monumental.

Jesús enseñó que para ver la paja en el ojo ajeno hay que tener cuidado de no tener una viga.

Este proverbio, sentencia, dicho o refrán presentado por Jesús a modo de pregunta es conocido por mucha gente aún cuando no sean lectores asiduos de la Escritura. Con su profunda sabiduría y conocimiento de la naturaleza humana recurre a un ejemplo sencillo para todos a fin de subrayar la importancia de no juzgar.

Si uno llega al atrevimiento de juzgar a otro, Jesús recomienda que primero haga una revisión personalísima de su estilo de vida para entonces poder emitir un juicio o una opinión sobre las personas, no vaya resultando que lo que censuramos sea más pequeño de lo que nosotros tenemos en nuestra vida.

Jesús plantea con una interrogante la profunda necesidad de voltear primero a nuestra vida para revisar, hurgar, conocer y entender lo que somos y lo que hacemos para luego lanzarnos, si así lo deseamos a las turbulentas aguas de la crítica de nuestros semejantes. Algo muy necio.

Es posible que como resultado de una honesta y sincera revisión de lo que somos y hacemos nos percatemos que en realidad nosotros tenemos una “enorme” viga en nuestra vida, cuando queremos señalar la paja en el ojo ajeno y eso debería bastar para dejar de criticar.v

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