Los Cielos

Dice la Biblia en Salmos 119: 89 “Para siempre, oh Señor, permanece tu palabra en los cielos.”

Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos, escribe David en el Salmo 19 convencido de que la bóveda celeste es más que el techo de la tierra, es la expresión de un Dios que “un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría mediante esa parte de su obra”.

Los cielos manifiestan o presentan a un Dios que se revela o da a conocer a toda la humanidad su presencia real, pero es una manifestación o expresión silenciosa y por eso no todos la pueden escuchar y atender, sino aquellos que se detienen a preguntarse quién es el autor de semejante obra.

Por eso el salmista dice que la palabra de Dios permanece para siempre en los cielos porque día y noche tenemos un testimonio poderoso que nos recuerda que este mundo tuvo un Creador, que no es un accidente o un hecho fortuito nacido de una gran explosión o el progreso de un microorganismo.

Los cielos junto con sus dos lumbreras: el sol y la luna fueron y son parte de un diseño perfecto hecho por Dios, no solo para medir el tiempo, sino principalmente para hacernos ver que el trazo de este mundo nació de una mente perfecta que de la nada hizo que existiera.

Los cielos son testimonio de la Escritura porque fueron creados precisamente con la palabra hablada de Dios. El dijo y fue hecho. Habló y fue suficiente para que el cielo se instalará en lugar donde está y así cada una de las partes que conforman toda la creación.

La virtud de los cielos es que con solo voltear a verlos nos rememoran a nuestro buen Dios. Cuando el profeta Nahúm volteó sus ojos al cielo escribió esta poderosa frase: “…las nubes son el polvo de sus pies” para despedazar nuestra mente al pensar sólo en el tamaño inmenso de nuestro Señor.

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