Reprensión y castigo

Dice la Biblia en Apocalipsis 3: 19 “Yo reprendo y castigo a todos los que amó; sé pues celoso y arrepiéntete.”

El texto que hoy meditamos tiene dos verdades muy profundas que necesitamos conocer para saber la clase de Dios que seguimos y no confundirnos con sus demandas y exigencias: 1. Dios reprende y castiga. Es un Dios amoroso, pero también es un Dios exigente y 2. Exige celo de nosotros hacia su persona.

Juan quiere que la cristiandad conozca que el Señor de los ejércitos ama profundamente a sus hijos, pero de ningún modo ese amor intenso por ellos implica falta de sanción a sus conductas pecaminosas, todo lo contrario ante el pecado reiterado de su pueblo siempre responde con reprensión y dura disciplina.

Así lo explica detalladamente la carta de Judas, que antecede en el canon del Nuevo Testamento al libro de Apocalipsis: A). Los judíos que no creyeron en el desierto fueron sancionados con la muerte. B) Los ángeles que no guardaron su dignidad sino que siguieron la rebelión de lucifer, fueron guardados bajo oscuridad.

C) Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas sufrieron el castigo del fuego eterno. D) Caín, Abel, Coré son ejemplo de las duras sanciones que Dios impuso en el Antiguo Testamento a los ofensores. En el Nuevo Testamento la historia de Ananías y Safira nos hablan de un Dios sumamente severo.

Ante este desolador panorama la invitación para la iglesia de Laodicea y toda la cristiandad es dirigirse a Dios con fervor, así se traduce en algunas versiones la palabra “celoso”. Dios demanda de su pueblo fervor acompañado de un cambio de actitud para evitar su reprensión y disciplina.

La iglesia de Laodicea fue advertida de su conducta alejada de la santidad que Dios demandaba y por eso se le advierte que Dios ama, pero disciplina. El camino para no conocer esa faceta de Dios es sencilla: vuélvete a Él con todo el corazón y cambia de actitud.

 

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