El río, la olla y el pájaro

Dice la Biblia en Cantares 8:4 “…Que no hagáis velar al amor, hasta que quiera.”

 

Los judíos comparan el perfecto amor de pareja con una parábola o ejemplo al que llaman el río, la olla y el pájaro. De hecho hay mucha literatura sobre el tema y dicen que quien sueña con esas tres cosas puede llegar a tener una vida matrimonial muy satisfactoria.

La razón por la que hacen tal afirmación es que los maestros hebreos comparan el desarrollo de la relación matrimonial con un río, una olla o un pájaro para hablar de los tres niveles que la pareja puede alcanzar en su vida en común comenzando con la de un río o una ribera.

La vida de los esposos comienza así, dicen, como un río. Cada quien por su lado únicamente vinculados por un contrato matrimonial. Son como las riberas del río: cada uno por su lado. Luego el segundo plano o segundo nivel es el de la olla: la olla tiene el poder de unir dos elementos antagónicos o que nunca podrían estar unidos.

El fuego y el agua solo pueden unirse mediante una olla que puede “cocer” alimentos que de otra manera no podrían digerirse si no estuvieran cocidos. La olla es la clase de nivel donde los esposos se ponen de acuerdo para alcanzar un fin porque a ambos les interesa o les conviene.

El tercer nivel del matrimonio: el más alto corresponde al pájaro. Y lo explican así: Esas aves pueden volar muy alto, pero también pueden pisar la tierra. Dominan ambos espacios. El tercer nivel del matrimonio es cuando en perfecta armonía la esposa o el esposo pueden estar juntos, pero a la vez disfrutan momentos de soledad.

El pasaje que hoy meditamos en libro de Cantares en nos conduce a esta clase de condición en el amor entre esposos. El esposo y la esposa cuidan del tiempo en que ella o él tiene que estar solo o sola. No es egoísmo ni falta de interés. Es un tiempo de estar con uno mismo para mejor aportar a la relación.

De allí el cuidado especial de uno de los tiempos más placenteros que podemos tener como es el de dormir por parte del esposo y la esposa. Es una necesidad para enraizar aún más la relación entre la pareja.

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