Dios demanda exclusividad

Dice la Biblia en Éxodo 20:3

“No tendrás dioses ajenos delante de mí.”

 

Introducción

Tanto en la lista de los Diez Mandamientos de la iglesia evangélica como de la iglesia católica éste es el primer mandamiento. Entre los hebreos el primer mandamiento es “Yo soy Jehová tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” (Éxodo 20:2).

Para ellos es el primer mandamiento en razón de que Dios se presenta como el ser que los sacó de la esclavitud de la tierra de Egipto. Es Dios por el poder que mostró y demostró para libertar a su nación y conducirla a la tierra prometida: nadie más que Él podía hacer semejante obra. Las diez plagas sobre los egipcios son su mejor carta de presentación.

A diferencia de la cultura occidental a la que pertenecemos, los hebreos no tienen que demostrar que Dios existe. Para ellos, la inmensa mayoría, la existencia de Dios nunca ha estado a debate. El primer mandamiento judío revela con exactitud el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

En realidad el mandamiento número de judíos y cristianos se complementan: Dios es el único Dios que sacó a los judíos de Egipto y en consecuencia no permite ni admite que tengamos dioses ajenos delante de él y a la inversa: Dios no quiere que tengamos dioses ajenos delante de él porque él es el único Dios verdadero.

El primer mandamiento que reconoce la iglesia evangélica se resume sencillamente en siete palabras que sintetizan la primer exigencia que Dios demanda de los hombres creyentes o no creyentes, una demanda que establece que Dios es uno y es único.

No admite, bajo ninguna razón, que alguien más o más bien que algunos más ocupen su lugar. Dios no comparte ni su gloria, ni su majestuosidad con absolutamente nadie. Dios exige que se le brinde únicamente a él todo el honor, toda la gloria y toda la honra. A nadie más.

La exclusividad de Dios

  1. No admite dioses ajenos
  2. Exige sumisión a su presencia (delante de mí)

La presentación que Dios hace de sí mismo ante el pueblo judío (que para ellos es el primer mandamiento) no deja duda alguna sobre la razón por la que exige que no tengamos delante de él dioses ajenos: Él es Jehová su Dios que los sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

Les recuerda de manera sencilla y simple que fue Él y nadie más quien los sacó de la tierra de Egipto. No fueron ellos, tampoco fue Moisés, sino que fue la mano poderosa del Señor la que los sacó de un lugar donde eran criados y esclavos y los liberó para siempre.

La libertad que ahora disfrutaban tendría que complementarse con el primer mandamiento. En Egipto ellos habían conocido muchos dioses. De hecho Faraón se consideraba un dios. Las diez plagas no fueron accidentales, cada una de ellas tenía como razón fundamental burlarse de los dioses egipcios.

No pudieron hacer absolutamente nada por ellos, a diferencia de Jehová su Dios que humilló a Faraón que se consideraba Dios privando de la vida a su hijo primogénito sin que pudiera hacer absolutamente nada por impedirlo por una sencilla razón: él no era nada frente a Dios.

La libertad completa del pueblo judío pasaba por entronizar a Dios como el único Dios en sus vidas. Para los creyentes del siglo XXI es el mismo requerimiento: Dios nos sacó de la esclavitud del pecado, pero para disfrutar de esa libertad es indispensable poner a Dios en primer lugar o ser exclusivos para Dios.

     No admite dioses ajenos

La frase “no tendrás dioses ajenos” es contundente: Dios no quiere compartir su presencia con nadie. Es Él o nada, pero también bastante esclarecedora a la hora de pensar sobre el peligro o el riesgo que los seres humanos tienen cuando hacen a un lado a Dios de sus vidas: corren el riesgo de instalar en su existencia otros “dioses”.

La palabra que aquí usa el hebreo es “elohim”, que en el Antiguo Testamento es el nombre más común usado para referirse a Dios. De hecho Génesis 1:1 dice “En el principio creó Dios (Elohim) los cielos y la tierra. La traducción de la expresión es incierta aunque la mayoría de los comentaristas señalan: fuerza y poder como las más cercanas.

Es interesante notar que para “dioses ajenos” o “dioses falsos”, el texto sagrado utiliza las mismas expresiones. Y no puede ser de otra manera porque quien hace a un lado a Dios generalmente coloca en su lugar algo que tiene tanta fuerza y poder en su vida que lo convierte en “su dios”.

Quizá el ejemplo más ilustrativo de esta verdad la encontramos en el joven rico que nos habla Mateo 19: 16-22. El lugar que Dios debería de ocupar en su vida, estaba ocupado por el dinero. Para otros tal vez no sea el dinero. Para los fariseos que se negaron a aceptar a Cristo era su orgullo y altivez que les impidió poner a Dios en primer lugar.

La palabra “ajenos” que usa la versión Reina Valera 1960 procede del vocablo hebreo “aherim” que se traduce simplemente como otros. Resulta importante resaltar la expresión plural tanto de dioses como de ajenos. Hacer a un lado a Dios del lugar que le corresponde llevó al pueblo de Israel a entregarse a otras deidades.

Ignorar la exclusividad de Dios invariablemente llevará a los hijos de Dios a dejar ingresar en su vida o existencia más de un “dios”, por eso la idea del plural en la frase “dioses ajenos” que terminarán esclavizándolo y a la postre lo terminarán destruyendo.

Así fue la historia de Israel y así será siempre en la historia personal de cada creyente. Los judíos dejaron a Dios y dejaron entrar a deidades maléficas como Astarte, Baal, Asera, entre otros y por eso fueron llevados cautivos primero a Asiria y luego a Babilonia.

El yugo de Dios que no aceptaron se convirtió en un yugo humano que les causó mucho dolor y sufrimiento. Como nos causará dolor y sufrimiento hacer a un lado a Dios de nuestros planes y proyectos.

  Exige sumisión a su presencia

El mandamiento podría haber quedado No tendrás dioses ajenos y hubiera sido entendible, pero el agregado o segunda parte del primer mandamiento dice “delante de mí” para resaltar uno de los atributos de Dios que la Escritura nos recuerda una y otra vez: su omnipresencia.

Todo aquello que quiera desplazar a Dios de su lugar es “dioses ajenos”, no solo lo que puedan ver los demás, sino también aquello que solo conoce cada hijo de Dios en su vida en particular o en su vida privada que quiere destronar a Dios de su lugar es “otros dioses”.

La preposición “delante de mí” procede del hebreo “al” que algunas versiones traduce como “contra mí” lo que cambia completamente el sentido de la expresión porque nos lleva a considerar que el primer mandamiento contiene una seria advertencia cuando queremos desplazar del primer lugar que le corresponde.

La preposición contra mí es una expresión de hostilidad contra Dios. Al tener “dioses ajenos” lo único que estamos haciendo es exasperar a Dios. La expresión hebrea “al” también se puede entender como alguien que está en oposición en contra de Dios.

 

 

 

 

 

 

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