Practicar una religión o vivir la fe

Dice la Biblia en Marcos 2: 21-22

21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. 22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

Introducción

Con estos dos ejemplos, Jesús concluyó una breve discusión que tuvo con los discípulos de Juan El Bautista y de los fariseos por el ayuno. Ellos le reclamaban el hecho que ellos ayunaban y los discípulos de Jesús no lo hacían. Bastaba un solo ejemplo para comprender la explicación, pero Jesús recurrió a dos.

El del paño y odres nuevos son dos ejemplos que podemos tomar como parábolas, aun cuando no estén enunciadas como tales. Pero son ejemplos (la palabra parábola tiene justamente ese sentido) para hacernos comprender una verdad espiritual de manera sencilla y simple. En este caso ambos casos son para un mismo tema.

En realidad el pasaje tiene dos respuestas: 1. El ejemplo de una boda. En una boda nadie se pone ayunar. Es un tiempo de gran fiesta para todos y 2. Los dos ejemplos del paño y los odres nuevos. Hubiese bastado con la explicación de las bodas para comprender que el ayuno podía esperar. No evitar o desterrar, pero postergar.

Ese hecho nos lleva a pensar que Jesús quería dejar bien en claro lo que él representaba para sus discípulos y los demás no habían comprendido y no lo habían entendido porque estaban en un tiempo de transición. Entre lo viejo y lo nuevo o entre lo nuevo y lo viejo.

Para hacerles comprender esa verdad Jesús los llevó a dos puntos igual de distantes como lo nuevo y lo viejo: El ayuno y una boda porque eran completamente distintos. Eran los extremos: el ayuno era aflicción del alma que hasta había ropas ásperas para vestir y hacer más enorme la tristeza.

En cambio una boda era exactamente todo lo contrario: era alegría desbordada. Nada de llorar al despedir a la novia o al novio. Era una verdadera fiesta de gozo y regocijo para todos los participantes. De hecho estaba prohibido entristecer a los consorte durante el tiempo que duraba la boda, a veces hasta siete días.

Así como el ayuno era distinto de una boda, así la presencia de Cristo era algo sumamente nuevo y lo convertía a todo lo anterior en algo viejo y vetusto y en consecuencia incompatible como incompatible era poner un paño nuevo en vestido viejo y vino nuevo en odres viejos.

Todo lo que fue antes de Cristo era ya obsoleto con la presencia de Cristo. Pablo es quien mejor entendió este concepto y lo vertió de manera magistral en la carta a los Gálatas. El Antiguo Testamento era sombra de lo que habría venir. La ley era el ayo para llevarnos a Cristo. La fe de Abraham fue lo que lo justificó y no las obras de la ley.

La religión

Los fariseos establecieron un sistema religioso basado en las obras y por eso tenían que hacer muchas para alcanzar la salvación. Entre esas obras mal interpretaron el verdadero sentido del ayuno. Para ellos el ayuno formaba parte de su vida ceremonial que los hacía sentirse sumamente orgullosos.

La parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18: 9-14) donde el primero expone sus obras, entre las que destaca el ayuno, señala justamente esa forma de ver su relación con Dios. Una religión en la que contaban los méritos personales antes que el favor de Dios a la vida de las personas.

La religión tiene ese enorme defecto. Se centra más en lo que el hombre hace o deja de hacer. Las virtudes, al surgir del esfuerzo humano convierten la piedad en un logro personal que lleva a quien lo alcanza al orgullo y la altivez sobre todos los demás.

La religión es excluyente por naturaleza porque quienes no logran “alguna buena obra” quedan fuera del selecto grupo de personas que sí obtienen “la complacencia de Dios” al esforzarse “más que los demás”. Juan 9:34 es el mejor ejemplo de esta verdad.

La religión produce hipócritas al por mayor porque al no poder agradar a Dios con sus obras fingen una vida piadosa frente a todos, aunque en lo privado su vida este llena de contradicciones y actitudes que dejan mucho que desear se conforman con vivir así. Cristo fue durísimo con los fariseos y los llamó una y otra vez hipócritas. Mateo 23: 1-36 recoge mejor que nadie su discurso contra la simulación.

Vivir tu fe

Cristo planteó algo completamente distinto a lo que los fariseos y escribas enseñaban. El planteó una relación con Dios, no una religión. Una relación basada esencialmente en la idea de Dios como padre y nosotros como sus hijos: una relación de confianza.

La parábola del hijo pródigo en Lucas en Lucas 15:11-32 y la oración del Padre nuestro son los pasajes que mejor expresan la clase de relación que Jesús desea que entablemos con Dios, por medio de Jesucristo: una relación filial basada no en los méritos personales sino en la salvación obsequiada por Jesús.

El planteamiento de Jesús es sencillo: la fe es la base sobre la que actúa el nuevo hijo de Dios. La fe es el primer gran paso para hacernos hijos de Dios. Juan 1:12 dice: “Más a todos los que le recibieron a los que creen en su nombre les dio la potestad de ser llamados hijos de Dios.”

Es la fe y no las obras las que hacen funcionar la nueva relación. No es lo que yo hice, hago o haré, sino es lo que Cristo hizo por mí en la cruz del calvario lo que me da la posibilidad de acercarme a Él sin ninguna otra virtud que la confiar en su compasión.

Jesús recurrió a las parábolas del paño y odres nuevos para hacernos ver que vivir nuestra fe no tiene absolutamente ninguna relación con la religión. Es incompatible una relación padre a hijo con una religión donde Dios aparece como un ser dispuesto solo a castigarnos sin mostrarnos su amor antes.

Por eso la insistencia de los dos ejemplo de Cristo. Él no es una religión. Él es una nueva relación con Dios.

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