Perseguidor y perseguido

Dice la Biblia en Hechos 21: 8

“Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él.”

Después de su tercer viaje misionero y antes de ser apresado y llevado detenido a Roma, Pablo volvió a Jerusalén, pero antes de llegar se tomó su tiempo para visitar a Felipe, uno de los siete diáconos, que la iglesia reconoció como evangelista, porque a raíz de la persecución encabezada por Pablo, él fue el primero en hablar la palabra a los gentiles.

Felipe vivía e Cesarea una ciudad marítima construida para acantonar al ejército romano y a los propios funcionarios del imperio. Habían pasado entre 25 y 30 años de la persecución de cristianos en Jerusalén y la reunión entre Pablo y Felipe, entre el perseguidor y el perseguido se concretaba luego de casi seis lustros.

Pablo pudo haber pasado de largo sin detenerse en Cesarea, pero hizo un alto en su retorno a la ciudad de sus antepasados para reconocer a quien en realidad fue el primer hombre que llevó al mensaje a los gentiles.

Pero antes que él comenzará a hacerlo, Felipe había iniciado la propagación de las buenas nuevas entre los samaritanos quienes creyeron en la palabra de Dios. Era un reconocimiento del apóstol al precursor de un ministerio que hizo posible sacar el mensaje de salvación de los celosos judíos y llevarlo al mundo conocido.

Sin embargo, el encuentro también sirvió para dejar en claro que en el Señor no puede ni debe haber rencores. Pablo se había equivocado con la persecución y le había hecho pasar malos momentos a Felipe que tuvo que salir huyendo de Jerusalén donde murió Esteban.

Pablo siempre reconoció que fue un perseguidor de la iglesia y dio muestras de congoja y arrepentimiento por esos hechos.

Fue un encuentro entre dos hombres que se habían confrontado y uno de ellos había sacado la peor parte, pero en el Señor habían hecho las paces de tal manera que el perseguido Felipe se convirtió en el anfitrión de su perseguidor, Pablo. Los malos momentos habían quedado allí en el pasado de donde no volvieron a salir porque el perdón los había sepultado.

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