La viga en el propio ojo

Dice la Biblia en Mateo 7:4

“¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?”.

Los seres humanos somos muy proclives a juzgar a los demás para resaltar nuestras propias virtudes u ocultar nuestros estrepitosos fracasos. Generalmente nos sentamos en silla de escarnecedores para “disfrutar” juzgando a los demás sin reparar que muy probablemente nuestra situación sea peor del que juzgamos.

Jesús quiere detener la tendencia humana de juzgar a los demás utilizando como ejemplo una hipérbole (una figura literaria que recurre a la exageración para hacer más clara la idea) siguiendo el tema de los ojos a manera de pregunta, sobre todo porque juzgar a los demás solo puede ser más grave cuando se quiere corregir a los demás sin corregirnos nosotros primero.

Señalar, censurar, apuntar o resaltar los errores, equivocaciones o pecados de los demás es una necedad del tamaño del mundo, sobre todo si quien lo hace no revisa exhaustivamente su vida para ver si es irreprensible y entonces, tal vez, tenga alguna autoridad para hacerlo.

Al Señor le interesó sobre manera el tema de juzgar a otros porque una actitud así lo único que logra es, además de dividir, separar y segregar a nuestros semejantes, generarnos una actitud de soberbia y altivez que Dios reprueba porque el resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.

El Señor Jesús quiere que sus seguidores se abstenga de actuar de esta manera con su prójimo y con sus hermanos en la fe. Demanda de todos una actitud humilde al momento de conocer las debilidades humanas que todos tenemos, sin que eso implique de ninguna manera tolerar o aceptar la práctica del pecado.

Juzgar a los demás nos hace sentir superiores a ellos. Juzgar a los demás ofende a Dios porque asumimos su papel de Gran Juez. Juzgar a los demás jamás traerá nada bueno a nuestra vida porque muchas veces lo que más señalamos o más criticamos es lo que más tenemos en casa.

Antes de mirar la vida de los demás y sus yerros interésate un poco más por lo que tienes en tu propia vida. Pablo le recomendaba a aquellos que tenía la inclinación de hablar de los demás lo siguiente: “…cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse (enorgullecerse) sólo respecto de sí mismo, y no en otro…”.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: