El hombro

Dice Cantares 8: 5

“¿Quién es ésta que sube del desierto, recostada sobre su amado?…”.

Es bien cierto que la fortaleza mental de las mujeres es, por mucho, superior a la de los hombres. La maternidad es una expresión clara de esta afirmación. Gracias a esta fortaleza sumada a su diseño físico, la humanidad ha perdurado a través de su actividad reproductiva.

Sin embargo a pesar de esta probada capacidad para sobreponerse a las adversidades y enfrentar siempre con esperanza la vida, de tiempo en tiempo la mujer necesita alguien en quien descansar. La esposa de Cantares sabe que cuenta con su esposo.

Las vicisitudes de la vida son difíciles a veces, el valle de sombra de muerte atemoriza por igual a hombres y mujeres, pero las féminas, en particular, requieren el hombro de su marido para sobrepasar las azarosas tormentas que parecen hundir su vida en la desesperación y el desasosiego.

La esposa de Cantares encuentra descanso en su marido. Su marido le prodiga, además de seguridad, la confianza para enfrentar todavía con más entereza todas aquellas circunstancias que atormentan su alma como la enfermedad propia o de algún ser querido o la muerte de alguien cercano.

La relación de pareja es el acompañamiento recíproco no solo en la alegría o la dicha, sino también en las congojas y aflicciones que trae consigo nuestro tránsito por este mundo donde el dolor y el sufrimiento suelen aparecerse de manera inesperada en la vida de los seres humanos.

Y justo allí el cariño, la solidaridad y el amor del esposo es fundamental para entrelazar todavía más su relación de pareja, para patentizarle y ratificarle a su esposa que siempre estará allí, a su lado, para hacerle menos tormentoso su paso por la aflicción.

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