Día a día

Dice la Biblia en Salmos 145: 2

 “Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.”

El salmo 145 fue escrito por el rey David para exaltar, alabar, engrandecer, bendecir y proclamar la grandeza de Dios. Desde el comienzo hasta el final, David convoca a todos a glorificar a Dios reconociendo su inmensa bondad, admirando sus poderosos hechos y su protección sobrenatural.

En el texto que hoy meditamos,  David une o encadena su vida diaria con la eternidad. David dice o más bien se compromete a cada día a bendecir a Dios. El sabe que en realidad es con lo único que cuenta, pero no se desanima ni desalienta de conocer que su tiempo es el momento que vive.

Y no se desalienta porque el día a día construye una eternidad para él. David está consciente que en la medida de que momento a momento bendiga a Dios, construye la eternidad en la que quiere también alabar el nombre del Señor. David quiere hacer hoy lo que sabe que hará para siempre.

Sin la revelación completa que nosotros ya conocemos con toda la Biblia en un solo volumen, David ya conocía que la eternidad será para bendecir a Dios y él comenzó a prepararse de una manera singular: cada día el bendijo a Dios, sabiendo que al llegar a la eternidad para nada se sentirá fuera de lugar.

Será como un deportista que ha entrenado con ánimo y dedicación, seguro de salir triunfador y de disfrutar aún más la presencia de Dios porque ésta será directa y sin nada ni nadie que interfiera. Será como él mismo escribió en otro salmo: “cara a cara”.

Aprendamos de David, construyamos como él lo que será nuestra eternidad. Bendigamos a Dios por todos los inmensos favores que ha tenido para con nosotros y hagámoslo día a día. Hoy alabémosle y mañana también. Sin darnos cuenta un día llegaremos a su eternidad y seguiremos haciendo lo que bien aprendimos en la tierra: bendecir al que vive por los siglos. Amén.

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