Dios rechaza la idolatría

Dice la Biblia en Éxodo 20: 4-6

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Introducción

Si el primer mandamiento impone a los hijos de Dios no dejar entrar a su vida “dioses ajenos”, el segundo mandamiento señala con toda claridad la prohibición expresa por parte de Dios de hacer representaciones físicas de criaturas que estén en cualquier parte.

El ser humano puede dejar entrar a su vida dioses ajenos, pero rendirle tributo a una imagen constituye una de las más grandes afrentas que Dios puede sufrir porque implica adorar a la criatura, antes que al Creador. Es reducir la dimensión y majestuosidad de Dios.

El segundo mandamiento esta dirigido absolutamente a toda representación física de la divinidad y abarca, si seguimos los tres planos que plantean los versículos que hemos leído, toda imagen humana, semejanza de animales como las aves, los cuadrúpedos y reptiles; y también toda imagen de cuerpos celestes y de toda especie marina.

En pocas palabras Dios rechaza absolutamente cualquier representación física y exige no sólo no hacerlos, sino no honrarlos, ni venerarlos y la razón por la cual hace esta exigencia es porque nuestro Dios es un Señor fuerte y celoso, frente a los débiles e inoperantes dioses de piedra, madera o metal.

Dios rechaza la idolatría

  1. De cualquier imagen o semejanza

A) En el cielo

B) En la tierra

C) En el mar

 2. Obliga a tres acciones con ella

A) No te hagas

B) No te inclinarás

C) No las honrarás

      3. Porque es fuerte y celoso

A) Que visita la maldad

B) Que hace misericordia

Dios está en contra de la idolatría. Si hacerse “dioses ajenos” nos confronta directamente contra Él, la idolatría o elaboración de imágenes de seres creados, lo fastidia absolutamente, lo enardece y su enojo no solo dura un tiempo, sino que trasciende más allá de nuestra existencia como veremos en este mandamiento.

Es un rechazo categórico de convertir un objeto o persona en Dios y rendirle tributo y honor. La idolatría afrenta a Dios porque le resta majestuosidad, fuerza y poder y lo convierte en algo que puede transportarse en las manos y los brazos como cualquier mueble.

   De cualquier imagen o semejanza

La frase “cualquier” abarca a todo lo creado. Todo lo que nuestro sentido de la vista percibe fue creado por Dios. No existe por sí mismo o por algún poder propio que tenga. Todo se origino en la mente perfecta de Dios y existe porque Dios lo sustenta constantemente.

La palabra “imagen” que utiliza la versión Reina Valera 1960 procede del hebreo “pesel” que literalmente significa “cortar” o “construir” y por eso se traduce como “imagen tallada” o” imágenes talladas”, es decir ídolos. La frase “de cualquier imagen” quedaría mejor así “de cualquier ídolo”.

Si la expresión “cualquier” incluye todo la creación de Dios, la frase o palabra “semejanza” reitera o subraya esta inclusión porque bien se puede traducir como “todo lo que se le parezca” para que el texto quede de esta forma: “cualquier ídolo o lo que se le parezca.”

   En el cielos

En el cielo encontramos principalmente el sol, la luna y las estrellas y los planetas del sistema solar. El mandamiento que Dios da a su pueblo en este pasaje tiene como finalidad evitar que la bóveda celestial con todos sus componentes sea tomada como representación de Dios y se le adore como tal.

Es bien sabido que las primeras culturas de la humanidad le rindieron culto al sol, a la luna y a las estrellas. Las naciones con las que convivió Israel así lo hicieron. En Egipto el sol era un dios al que se le rendía adoración. Con el tiempo queda pocas o unas cuantas naciones que siguen con esta clase de adoración.

Pero en tiempos modernos ha surgido, ahora con mayor fuerza una nueva forma de adoración o idolatría con los elementos del cielo, me refiero a la astrología. La astrología funda y sienta sus bases en los planetas del sistema solar que según los astrólogos rigen la vida de los humanos en la tierra.

La idolatría ha pasado de adorar al sol, luna y estrellas a creer que los signos zodiacales son los que configuran el destino de hombres y mujeres en el globo terráqueo.

   En la tierra

En la tierra es donde tal vez encontramos los ídolos o la idolatría más inverosímil que pueda existir. En la tierra se honra desde árboles, reptiles, hombres, cuadrúpedos, aves, lugares, ríos, y una serie de objetos de lo más diverso y absurdo que rompe con toda imaginación.

En tiempos bíblicos encontramos cultos que adoraban serpientes, toros, aves de toda clase. Le rendían tributo como si fueran dioses.

Sólo hace quinientos años, en tiempos de Martín Lutero el catolicismo tenía cientos, por no decir miles de “reliquias sagradas” que era obligatorio visitar. Aquí algunas de ellas. Una astilla de la cruz de Cristo que traspasó su frente, el cráneo de Juan El Bautista, pan de la última cena, etcétera.

En todo el mundo encontramos hoy en día algunas expresiones idolátricas que quebrantan flagrantemente este mandamiento. La adoración al niño Fidencio es una de ellas. Es impactante ver personas que para alcanzar una sanidad o una favor de ese personaje no les importe sumergirse en aguas negras.

   En el mar

Para los romanos el mar era un dios en sí mismo le llamaban Neptuno, mientras los griegos lo llamaban Poseidón. Ni qué decir de los seres que habitaban en el mar como las ballenas que por su tamaño y fortaleza siempre se les asociaba con divinidades.

   Obliga a tres acciones con ella 

  No harás

El mandamiento expreso es que no debes hacer o construir ídolos. La versión hebrea de la Biblia en este pasaje traduce ídolos como imágenes de talla. La primera acción prohibitiva tiene como finalidad que nadie haga con sus manos esta clase de “dioses”.

Bajo ningún motivo el pueblo de Dios debe elaborar o fabricar ningún tipo de objetos que lleven a las personas a adorar a una criatura antes que al Dios verdadero de Israel, manifestado en la persona de Jesucristo. Ni para uso propio, ni para uso de los demás se debe hacer esto.

La historia del becerro de oro en el libro de Éxodo retrata fielmente la decepción de Dios cuando su pueblo en lugar de abominar las prácticas idolátricas de los pueblos se sume a ellas.

   No te inclinarás

La raíz hebrea del verbo “inclinarás” es “shachah” que tiene la idea de alguien que se postra para rendir homenaje o adorar, en este caso a un ídolo. Lo que Dios está pidiendo aquí es algo completamente distinto a no fabricar ídolos. Lo que aquí está pidiendo es que no se le debe rendir adoración a cualquier imagen o algo parecido de lo creado.

La idolatría o los ídolos nunca deben alabarse como si fueran Dios. El Señor prohíbe expresamente que los adoremos. Aquí conviene señalar que la iglesia evangélica es categórica al evitar cualquier imagen o representación de Dios. Las imágenes en la iglesia católica toman un papel distinto.

Para justificar la proliferación de imágenes de santos y vírgenes en la iglesia romana se ha recurrido a algunos términos. Latría para dirigirse a Dios. La palabra latría significa adoración. A los santos no se les rinde adoración, sino dulía. La expresión dulia significa “veneración”, según explica la teología romana.

Pero en el caso de las vírgenes, señala, se les da hiperdulía que significa algo más superior que veneración. Dicen que no es adoración, pero la realidad rebasa totalmente la explicación de términos.

 No las honrarás

La palabra honrar que se usa aquí procede de la raíz hebrea “abad” que se traduce como trabajo, servicio o servidumbre. Con tal explicación comprendemos el mandato de no honrar a las figuras talladas. Bajo ningún motivo Dios permite que se les sirva o se trabaje para ellas.

Porque es fuerte y celoso

La razón fundamental por la que Dios pide que nos abstengamos de adorar ídolos es su naturaleza o sus atributos. En este pasaje apela a dos de sus cualidades inherentes: fortaleza y celo. En el texto original solo se cita que es un Dios celoso. La versión Reina Valera traduce fuerte porque en tres ocasiones se cita el nombre de Dios.

La palabra “celoso” se origina en la raíz hebraica “qanna” que comunica la idea de alguien que exige exclusividad o que no comparte su gloria con nadie. En algunos pasajes se relaciona con el término “demandante”, es decir Dios demanda y exige seguirle sólo a Él.

Su fortaleza y celo lo expresa de dos formas:

   Que visita la maldad

Dios reprueba la idolatría y cuando un hombre o una mujer se sume en ella, despierta el celo de Dios y se vuelve una maldad que de no ser cortada trasciende las generaciones de quienes se entregaron a ella y los convierte en personas que aborrecen a Dios.

La idolatría constituye una de las más grandes afrentas que una y otra vez Dios le repitió a su pueblo que se alejara de ella y tiene la particularidad que daña no sólo a cada persona que la practica, sino a sus hijos y de no alejarse de ella, éstos corren el riesgo de legar a sus hijos una de las peores herencias espirituales.

Así como la justicia del justo trasciende a sus generaciones, así la idolatría lo hace con sus practicantes, sólo que en sentido negativo.

 Que hace misericordia

Quien rompe con la idolatría le espera la misericordia de Dios. La palabra misericordia que usa aquí el texto procede de la raíz hebrea “jesed”. El amor incondicional de Dios. La idolatría desata la molestia de Dios, pero nuestro alejamiento de esta práctica nos lleva al amor sin condiciones de Dios.

Dios se vuelve incondicional con nosotros cuando renunciamos a hacer ídolos y adorarlos. Despierta su sentido paterno y nos auxilia en cada una de nuestra luchas que tenemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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