‘Los seres humanos son increíblemente maleables’: historiador

Por GUILLERMO ALTARES

El historiador y documentalista británico Laurence Rees (Ayr, 1957) ha publicado en castellano el libro El Holocausto. Las voces de las víctimas y de los verdugos(Crítica), que resume una vida profesional tratando de entender el momento más negro de la historia humana, la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de los judíos de Europa. Rees es autor de numerosos documentales, convertidos también en libros, como El holocausto asiáticoAuschwitz, los nazis y la solución final o El oscuro carisma de Hitler.

Sus investigaciones no se basan solo en el trabajo documental, también en entrevistas a las víctimas del terror nazi y a los perpetradores. Por eso, porque se escuchan las voces sin arrepentimiento de los asesinos, resulta tan impresionante su trabajo. Su nuevo ensayo, de casi 600 páginas, arranca en 1919 con una carta de Hitler en la que ya atribuía todos sus males, y los de la nación alemana, a los judíos y acaba con la caída del Tercer Reich y la liberación de los campos.

Tras haber pasado su vida estudiando el Holocausto y el nacimiento del nazismo, ¿hasta qué punto le preocupa el resurgir de la ultraderecha?

Mucho. De hecho, escribí un pequeño ensayo sobre advertencias específicas que nos está enviando la historia y dirigí hace 20 años la serie Nazis: un aviso de la historia. Sin embargo, creo que debemos observar la historia con humildad, que cuanto más estudiamos las comparaciones son más difíciles. No se puede decir esto es como Trump, como el Brexit: las comparaciones directas no funcionan, pero sí las conceptuales. Por ejemplo, una de las cosas más importantes que he comprendido sobre la condición humana tras estudiar el ascenso del nazismo es lo tremendamente frágiles que son las instituciones, mucho más frágiles de lo que queremos creer. En 1928 en Alemania, los nazis lograron el 2,6 por ciento de los votos, eran una broma, no había ningún problema con la democracia. Cuatro años más tarde, en 1932, una mayoría de alemanes votó a favor de comunistas o nazis que defendían públicamente la destrucción de la democracia. ¿Qué ocurrió? ¿Se había convertido Hitler en un personaje más carismático? No, fue la catástrofe económica, el desempleo, el hundimiento de la clase media. La gente creyó que necesitaba un cambio y se puso a buscar políticos sin experiencia. Recuerdo que en una entrevista a un alemán le pregunté: ‘¿cómo pudo votar por Hitler si no tenía ninguna experiencia en política y no creía en la democracia?’ y me respondió: ‘Mire dónde nos llevaron los políticos con experiencia. Necesitábamos un cambio’.

Se pueden trazar paralelismos con lo que estamos viviendo…

Sin duda, pero prefiero que sean los lectores los que establezcan las comparaciones, no yo.

¿Le preocupa el poder de la propaganda? En su libro usted mantiene que la propaganda desempeñó un papel esencial en que el Holocausto fuese posible.

Una cosa muy interesante sobre el antisemitismo es que, en 1928, cuando logró el 2 por ciento de los votos, Hitler era muy duro con los judíos en sus discursos, pero no logró apoyos. En las siguientes elecciones los descafeinó. Solo cuando llega al poder, y tiene en sus manos el sistema educativo, las radios y todo lo demás, se lanza por completo al antisemitismo, que tiene efectos sobre todo en los jóvenes. He conocido a mucha gente que era joven en los años treinta y que estaba convencida de que los judíos eran un auténtico peligro porque se lo repetían constantemente desde los tres años. Los seres humanos son increíblemente maleables.

¿Cree que hay cosas en el Holocausto que estarán siempre más allá del entendimiento humano, como los Sonderkommando, los judíos obligados a ayudar a los nazis en el exterminio?

La persona más importante que he conocido en mi vida fue precisamente un Sonderkommando que me dijo: ‘Los seres humanos nunca podremos saber de lo que somos capaces’. Y creo que también se ha subestimado el poder del sadismo. Creo que hay una parte muy oscura en la humanidad. Christopher Browning mantenía que es muy significativo que nunca haya fracasado un genocidio en la historia por la falta de personas dispuestas a asesinar.

Fuente: EL PAÍS.

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