Dios castiga el mal uso de su nombre

Dice la Biblia en Éxodo 20:7

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Introducción

El tercer mandamiento protege el nombre de Dios del mal uso que el pueblo de Dios puede darle al momento de prometer o comprometer alguna obra o algún compromiso frente a sus semejantes y también el mandamiento busca cuidarlo de un uso frívolo de parte de los hijos de Dios.

El tercer mandamiento que la iglesia cristiana reconoce, los católicos lo inscriben como el segundo de los mandamientos al igual que los judíos, sirve como resguardo de uno de los grandes valores que los creyentes tienen en el nombre bendito de Dios y de Jesucristo.

Tomar el nombre de Dios constituye para los hebreos “jurar en su nombre”. De hecho en la versión de la Torá hebrea en español, el texto se traduce así:

“No tomarás el nombre del Eterno, tu Dios en vano; pues el Eterno no absolverá al que jure en su nombre en vano.”

De acuerdo a Deuteronomio 6:13 los judíos podían jurar. Pero si lo hacían falsamente profanaba su nombre. De allí la necesidad de este mandamiento. Evitar la profanación del nombre de Dios. Evitar su uso en vano.

A este mandamiento se refirió Jesús en Mateo 5: 33-37 cuando dijo:

33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Por eso en el verso 33 lo sintetizó como “No perjurarás (perjurar o perjurio significa sencillamente “jurar en falso”) sino que cumplirás al Señor tus juramentos.

Los fariseos le dieron vuelta al mandamiento de no jurar en vano y en lugar de jurar por Dios, empezaron a jurar por el cielo, la tierra, Jerusalén y en tono sarcástico Jesús les dijo que no podrían jurar ni siquiera por uno de sus cabellos porque eran incapaces de hacerlo negro o blanco.

Y les pidió que para evitar violentar o incumplir este mandamiento sencillamente su hablar fuera; sí, sí y no, no.

Dios castiga el mal uso de su nombre

I. Pide no usarlo en vano

II. Castiga a quien lo usa en vano

Pide no usarlo en vano

Los judíos tuvieron tanto temor de este mandamiento que dejaron de utilizar el nombre de Dios y convirtieron el tetragramatón en el nombre impronunciable de Dios de tal forma que sólo utilizan la expresión “El Nombre” para referirse a Dios, es decir usan “Hashem” para referirse a Dios.

Usan también los nombres Adonay y el Shaday para referirse a Dios y utilizan generalmente la expresión “El Eterno” para referirse al Creador. El tetragramatón como se le conoce a las cuatro letras con las que Dios se revelo a Moisés en el monte Horeb o monte de Dios.

En los manuscritos originales la palabra “nombre” procede del vocablo “sem” que se origina en la raíz hebrea “shem”. Es una expresión recurrente en el Antiguo Testamento para referirse a Dios desde el Génesis hasta Malaquías. Los judíos emplean más este nombre que nosotros los cristianos.

El nombre de Dios o Hashem tiene una explicación profunda para los hebreos. Ellos tienen prohibido utilizar el nombre del tetragramatón, cuyo significado lo encontramos en Éxodo 3:14 cuando Dios llama a Moisés y se presenta con su nombre las cuatro letras hebreas: yod, hei, vav, hei.

Ese nombre difícil de entender para la mente humana porque literalmente se traduce como Yo soy el que soy o Yo existo en mí mismo o Yo existo sin necesidad de nada ni de nadie o yo soy antes, soy ahora y soy después. Por eso algunos utilizan mejor el adjetivo el Eterno.

El nombre de Dios es sagrado, santo y merece toda la consideración de nuestra parte. Merece nuestra reverencia, respeto, cuidado, temor y reverencia y por eso el mandamiento de no tomar en vano el nombre de Dios.

La palabra vano que usa Éxodo 20:7 procede de la raíz hebrea “shav” que tiene al menos dos usos en el Antiguo Testamento:

  1. Inútil o vacío. Se usa para referirse a algo que no tiene sentido o cuya acción resulta a todas luces algo absurdo o ilógico.
  2. Engaño, falsedad o mentira. Es el uso con el que más se utiliza la expresión vano.

Bajo estas definiciones el mandamiento de no tomar en vano el nombre de Dios queda bajo mayor comprensión: De ningún modo Dios quiere que utilicemos su nombre para frivolidades, chistes o comentarios sin sentido alguno. Hacemos una profanación cuando lo hacemos.

Pero también Dios se desagrada de aquellos que utilizan su nombre para mentir abiertamente o conscientemente. En particular cuando se participa en un juicio jurar que se dirá la verdad y no hacerlo nos coloca francamente en transgresores de este estatuto dado por Dios.

Castiga a quien lo hace en vano

El texto dice: “…porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” En otras palabras el que hace uso en vano del nombre de Dios será culpable delante de Dios y en consecuencia recibirá su castigo porque Dios se fastidia por tratar con ligereza su bendito nombre.

La palabra inocente que se usa en este verso se origina de la raíz hebraica “naqah” que se usa de diversas maneras en el Antiguo Testamento: “limpio”, libre de culpa”, “exento de castigo” o sin obligación, lo que nos lleva a comprender que una persona que usa en vano el nombre de Dios es una persona que no está libre de culpa, ni exenta de castigo.

La persona que use en vano el nombre de Dios, es decir lo use para jurar falsamente o de manera frívola recibirá su sanción correspondiente.

En su carta, Santiago le pide a los creyentes que no juren, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento, sino que nuestro sí sea sí, y nuestro no sea no, para que no caigamos en condenación. (Santiago 5:12).

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