Límites

Dice la Biblia en Salmos 39: 4

“Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.”

El salmo 39 es un Salmo que nace desde un corazón que se consume ante la eternidad de Dios y la transitoriedad y brevedad del hombre en la tierra. Es un canto que surge de la desesperación ante la nada de la vida del hombre frente a un Dios que ha sido, es y será por siempre.

Ante esta verdad, el salmista reacciona en este versículo pidiéndole tres cosas al Señor: a) Saber su fin, b) Conocer la medida de sus días y c) comprender su fragilidad. La petición no es ociosa ni pretenciosa porque implica informarse del destino que le depara.

La primera solicitud, (saber su fin), implica conocer los límites de su existencia. La vida no es para siempre tiene un inicio y tiene un fin. La mayoría de las personas proyecta su existencia a largo plazo y muy pocos consideran que en realidad la vida solo tiene seguridad en el momento en que se vive. El salmista quiere saber como terminará.

Cuando el autor del salmo le dice a Dios que quiere conocer la medida de sus días, le está suplicando que le revele cuánto estará sobre la tierra, antes de partir de este mundo lo que refleja su profundo deseo por aprovechar lo que le resta de existencia. El salmista quiere saber cuando terminará.

Y la última petición que le hace es que comprenda su fragilidad, que no es otra cosa que saber cuán corta es su vida frente a Dios que permanece por los siglos de los siglos sin sombra de variación. El salmista quiere tener presente siempre que su vida es breve, efímera.

Ante este panorama, la única alternativa es refugiarse en Dios porque Él, como autor de la vida, es quien decide cómo saldremos de este mundo, cuándo saldremos y conoce cuán breve somos. Nadie más puede conocer estos detalles.

La solicitud del salmista implica un reconocimiento tácito o rendición ante Dios que es el dueño de la vida. Es admitir que nosotros no poseemos nada.

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