La Escritura da vida

Dice la Biblia en Salmos 119: 93

“Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado.”

Cuando Jesús dijo en medio de la tentación a la que lo sometió el adversario de nuestras almas “que no solo de pan vivirá el hombre”, expresó con toda seguridad una de las funciones esenciales de la Escritura: da vida o si se quiere “vivifica” a quienes la toman como su necesidad prioritaria.

El salmista ha tomado una determinación: no olvidarse de los mandamientos del Señor, tenerlos presente, guardarlos en su corazón y recordarlos siempre bajo cualquier circunstancia, en todo momento, porque en ellos encuentra la esencia misma de su existencia.

El autor del texto que hoy meditamos ha llegado a una conclusión con respecto a la Escritura: no es un libro cualquiera, es un libro con vida; no sólo son historias antiguas, sino relatos vivientes lo que en ella encontramos y sobre todo no es que contenga la palabra de Dios, sino que es la palabra de Dios.

Ningún otro libro como la Biblia en todo el orbe. Solo la Biblia tiene la virtud de dar vida no sólo en este mundo, sino también en el venidero. Es decir, el libro de libros tiene una doble función ayudarnos en nuestro paso por este mundo y prepararnos para la eternidad con Dios.

Esa es la razón por la que el salmista se compromete a no olvidarse de los mandamientos de Dios porque es como su “tanque de oxigeno” o su necesidad vital. Los necesita para vivir como el ser humano necesita del agua para subsistir físicamente, así se necesita él la Escritura.

El escritor de este salmo quiere que sus lectores entiendan la necesidad de hacer de la palabra de Dios nuestro sustento diario, nuestro pan constante. Que se convierta en una necesidad inherente a nuestra vida como respirar. Así nuestra vida siempre tendrá sentido.

Cuando Josué sucedió a Moisés al frente del pueblo de Israel, Dios le pidió lo siguiente:

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (Josué 1:8).

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