El presente y futuro del justo que lucha contra el mal

Dice la Biblia en Salmos 37: 25-26

25 Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan. 26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta; Y su descendencia es para bendición.

Introducción

David nos ayuda a comprender este salmo cuando dice “joven fui y he envejecido” porque lo que nos va a presentar o nos va a decir es una vivencia suya, una experiencia personalísima. No es algo que le hayan contado, sino que es algo que el vivió de manera directa.

El Espíritu Santo lo llevó a hacer esta expresión porque es de suma importancia saber el destino de quienes se dedican a luchar contra el mal o contra los malvados porque tal vez no puedan ver el resultado de esa lucha. Tal vez mueran sin haber visto en que terminó esa batalla que libraron y entonces necesitan ser consolados en vida.

Es una hermosa promesa para los justos, sus hijos heredarán la bendición que ellos sembraron. Su piedad será reflejada en su estirpe en una clara manifestación de la midá kenegue midá, expresión hebrea que se conoce como medida por medida. Tu piedad será vista en tus hijos.

David quiere esparcir certezas más que ilusiones sin sustento. Quiere que cada uno de los lectores del salmo puedan tener la seguridad que la lucha que emprendieron por supuesto que tuvo un final feliz de tal forma que los descendientes del justo tienen garantizada una vida.

El presente y futuro del justo que lucha contra el mal

   I. En el presente no vive desamparado

II. En el futuro su descendencia no mendiga

III. En el presente es misericordioso y da

IV. En el futuro su descendencia es para bendición

En el presente no vive desamparado

Dice David “no he visto un justo desamparado” como una constancia, no de cualquier persona, sino de un hombre de avanzada edad que ha visto a lo largo de su existencia el trato que Dios le ha dado los hombres que se deciden luchar contra el mal y contra los malvados.

En la Biblia encontramos muchos ejemplos de cómo Dios cuida a los justos. En el libro de Jerermías encontramos una historia singular de la manera en que obra Dios con los piadosos cuando arriesgan su vida al enfrentar la maldad y el pecado de una persona o de muchas.

Jeremías el profeta de Dios, lanzó muchas profecías en contra de la maldad del pueblo de Israel. Eso le ganó muchos enemigos. En una ocasión, cuando los babilonios conquistaban Jerusalén, el vidente les dijo que por más resistencia que pusieran estaba determinado que ese pueblo los conquistaría fue enviado a una cisterna llena de cieno. En términos mexicanos diríamos fue enviado a una letrina.

Para el profeta todo parecía perdido, pero hubo un hombre, que ni siquiera era judío, llamado “Ebed-melec” que intercedió por él ante el rey Sedequías para liberarlo de esa terrible prisión. Su intervención hizo posible que Jeremías fuera liberado. Ante tal acto por medio de su profeta, Dios le dijo al etíope lo siguiente:

15 Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo; 16 Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya.

17 Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.

Un justo, un piadoso nunca queda desamparado como vemos en la historia de este hombre que arriesgo su vida por defender a un hombre de Dios, cuya única culpa fue hablar la verdad.

En el futuro su descendencia no mendiga

Una de las mas grandes preocupaciones que los padres tenemos sobre nuestros hijos es que les sucederá cuando ya no estemos con ellos. Era una preocupación que también David tenía, por eso al escribir estos versículos del salmo 37 nos regala una de las más hermosas promesas que podemos tener.

Los hijos del justos tienen una promesa divina: no mendigarán o en otras palabras no pasarán escasez. Siempre habrá provisión para ellos. A pesar de vivir en las condiciones más precarias, siempre habrán de tener el pan de cada día por la piedad de su o sus progenitores.

En el 2º Libro de los Reyes capítulo 4 encontramos el siguiente relato que nos explica bien esta verdad:

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos 2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.

3 El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. 4 Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. 5 Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.

6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. 7 Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.

La promesa divina de provisión para los hijos de los justos quedó de manifiesto con este portentoso milagro.

En el presente es misericordioso y da

La promesa de bendición y sustento para nuestros descendientes tiene como cláusula que el justo sea misericordioso y apoye o ayude a quienes necesitan o padecen escasez. La versión Reina Valera traduce el texto así: “presta”, pero la mayoría de las versiones usan la expresión “da”.

El varón de Dios que da a sus semejantes y los ayuda tiene como promesa que sus hijos no padecerán hambre, pero para ello debe practicar la bondad con todas las personas y debe ayudarlas en las necesidades que tienen. El egoísmo no producirá esta clase de bendición.

Aquí bien caben las palabras del apóstol Pablo: “…El que siembra escasamente, escasamente cegará; y el que siembra generosamente, generosamente también cegará.” (2ª Corintios 9:6)

En el futuro su descendencia es para bendición

Ninguna preocupación debe haber en los justos sobre lo qué ha de ser de sus hijos. Si ellos han practicado la justicia: los hijos tendrán y serán bendición para la generación que les toque vivir. Y entonces, empezarán un círculo virtuoso, sus padres fueron bendición y ellos serán bendición y luego sus hijos también serán bendición.

La historia de Juan El Bautista encuadra muy bien en justos con descendencia de bendición.

 

 

 

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