Temor y temblor

Dice la Biblia en Salmos 2: 11

“Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor.”

La frase unida “temor y temblor” se usa siete veces en la Escritura: tres veces en el Antiguo Testamento (Job 4:14, Salmos 2:11 y 55:5) y cuatro veces en el Nuevo Testamento (1ª de Corintios 2:3, 2ª de Corintios 7:15, Efesios 6:5 y Filipenses 2:12 ) siempre para referirse a la actitud con la que el hombre se debe acercar a Dios: de absoluto respeto.

La palabra temor procede de la raíz hebrea “yirah” que se traduce en varias versiones de los Salmos como reverencia y respeto hacia un lugar o persona, en este caso hacia Dios, en tanto que la palabra temor se origina de la expresión hebrea “ra’ad” que se traduce como estremecimiento producido por el miedo o temor y hasta terror.

En el texto que hoy meditamos, el salmista nos pide que sirvamos al Señor con temor, es decir con respeto y reverencia lo que implica que lo que hagamos por Él lo debemos hacer con todo y de todo corazón. Servirle es el privilegio más grande que nos ha dado y debemos hacerlo con la mejor actitud siempre.

Él que mira el corazón y conoce a la perfección nuestros pensamientos siempre estará enterado de nuestras motivaciones al servirle.

El apóstol Pablo experimentó muchas veces temor y temblor. Le servía a Dios no con la solvencia de quien conoce todo de Dios o quien sabe todo, sino siempre con temor reverente debido a la majestuosidad de Dios y lo pecaminoso del hombre para evitar la irreverencia ante el Creador.

Esa experiencia personal lo llevó a pedirle a los filipenses que se ocuparan en su salvación con temor y temblor. Era un llamado al cuidado y dedicación a la obra que hizo Dios al salvarnos.

La alegría que nos pide el salmista en este texto es aquella que reconoce que Dios está en los cielos y en la tierra con todo su poder y nos permite alegrarnos en Él sin salirnos de sus santos caminos. La alegría del hijo de Dios es una alegría nacida de la reverencia al Creador.

El temor y temblor es necesario siempre para acercarnos a Dios porque es fuego consumidor, porque las nubes son el polvo de sus pies y porque Él es soberano y nosotros somos inmensamente finitos. Nada podemos hacer contra Él porque es inmensamente grande. La manifestación de su poder siempre nos hace temblar.

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