Tuyo soy y por eso busco tu palabra

Dice la Biblia en Salmos 119: 94

“Tuyo soy, sálvame, porque he buscado tus mandamientos.”

El salmista está en graves aprietos y recurre a Dios con toda la confianza del mundo basado en dos circunstancias o dos razones: 1. Le pertenece a Dios y 2. Porque ha buscado a Dios a través de su palabra. Bajo esas dos premisas al autor de este salmo se le hace fácil y natural pedirle a Dios que lo salve.

1. Le pertenece a Dios: El sentido de pertenencia es más que palabras, es una actitud constante y reiterada de permitir que Dios sea el que maneje nuestra vida. Que sea el Señor el que controle y domine cada uno de nuestros planes sin escatimar ninguna decisión que tomemos.

La expresión “tuyo soy” refleja claramente la entrega total y completa del salmista hacia Dios. Es una vida rendida a la voluntad del Señor, consagrada a obedecer lo que le pide. Es un corazón encadenado voluntariamente a su Dios, unido y ligado a Él por decisión propia.

2. Porque ha buscado a Dios a través de su palabra. La única manera de saber que es lo que Dios quiere para nuestras vidas es leyendo y meditando en la Escritura. No hay otra forma de conocer qué es lo que el Señor desea para la vida de cada una de sus criaturas sino es por la Biblia.

Decir que pertenecemos a Dios y no leer y reflexionar la Escritura es una contradicción muy grande. La Biblia nos lleva a conocer la voluntad de nuestro dueño y Señor.

La Escritura dirige nuestra vida por donde el Señor quiere que vayamos. La mejor manera de demostrarle o expresarle a Dios que somos de Él es sumergiéndonos en las páginas de su bendita palabra. No hay ni habrá otra forma de patentizarle al Señor que somos suyos, si no es con la Biblia en la mano y en el corazón.

Así con toda la confianza y la total seguridad le podemos decir: “Sálvanos” y Él de inmediato acudirá a nuestro llamado y nos auxiliará para ser librados del mal.

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