Dios ama, pero también aborrece

Dice la Biblia en Proverbios 6:16

“Seis cosas aborrece el Señor y aun siete abomina su alma.”

Dios ama con una intensidad indescriptible de tal manera que el rey David llegó a exclamar que era “mejor su misericordia que la vida”, pero según nos enseña el proverbista hay siete cosas que le resultan insoportables, detestables e intolerables de parte del ser humano.

Salomón, autor de los Proverbios, las enumera así: 1. Los ojos altivos, 2. La lengua mentirosa, 3. Las manos derramadoras de sangre inocente, 4. El corazón que maquina pensamientos inicuos, 5. Los pies presurosos para correr al mal, 6. El testigo falso que habla mentiras y 7. El que siembra discordia entre hermanos.

Dios es todo amor y toda compasión, pero también se indigna ante la maldad y la perversidad del ser humano y la sanciona con acciones sumamente duras, pero eficaces. El perfil perfecto para recibir la reprensión divina es actuar de manera impía, maligna y perversa.

El concepto de un Dios que no se molesta o que no se fastidia por actos de reprobada maldad es completamente equivocado. El Señor no solo se indigna, sino que se llena de ira y furor y ejecuta sus juicios para sancionar y retribuir justamente a quienes en una temeraria actitud lo desafían con su conducta altiva y altanera.

La lista que nos presenta el rey sabio de Israel no es exhaustiva, pero si contiene las conductas más dañinas que un persona puede emprender contra su prójimo. Una sencilla revisión de las siete nos puede llevar a comprender que Dios se molesta por el descaro y la insolencia de los pecadores.

La figura retórica empleada por el proverbista de hacer crecer el número de cosas que el Señor aborrece, cuando pudo haber escrito simplemente siete cosas, sirve para subrayar lo impresentable que representa para el Señor una persona que incurre en este tipo de acciones.

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