Dios nos ordena honrar a nuestros padres

Dice la Biblia en Éxodo 20: 12

12 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.”

Introducción

El quinto mandamiento escrito, según enseñan los judíos, en la primera tabla de la ley que Moisés recibió en el monte Sinaí y que los cristianos y católicos inscriben dentro de las obligaciones que los seres humanos tienen en relación con sus semejantes, trata directamente sobre la manera en que nos debemos relacionar con nuestros padres.

Los seres humanos jugamos diferentes roles familiares durante nuestra vida. Somos hijos, hermanos, padres, esposo, esposa, primos, tíos, abuelos, nietos y el quinto mandamiento regula o trata sobre la manera en la que debemos jugar el papel de hijos durante nuestra existencia.

A Dios le interesa sobre manera que cada una de sus criaturas sepa como debe conducirse frente o ante sus progenitores. Por lo escrito en este texto entendemos claramente que este mandamiento tiene la clara intención de atender cuidadosamente nuestro papel como hijos.

Padres e hijos constituyen una de las relaciones básicas al interior de la familia y Dios quiere que esta relación este enmarcada en el respeto de los vástagos hacia sus ascendientes directos. Debe ser, además, una relación de cuidado y obediencia hacia quienes nos dieron la vida.

La inclinación maligna que todos los seres humanos en ocasiones nos lleva a olvidarnos de nuestros papás y lo que el Señor quiere enseñarnos es retribuirles el esfuerzo que hicieron por cada uno de nosotros. A los dos, papá y mamá, en el mismo nivel y el mismo respeto y veneración. El mandamiento incluye consideración y retribución.

A diferencia de los otros nueve mandamientos, el quinto mandamiento es el único que tiene una promesa. Dios promete a quienes honren a sus padres que tendrán una vida larga llena de bendición. Ningún otro precepto divino trae aparejado algún compromiso divino, sólo el quinto.

En otras palabras: si obedeces este estatuto tendrás bendición del cielo para tu vida. De allí la relevancia o la gran importancia primero de entender esta ordenanza y luego ponerla por obra y también lo sumamente importante de entender qué significa honrar a nuestros padres.

Así se entiende este texto en Deuteronomio 5: 16 que dice: “Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que se prolonguen tus días y te vaya bien en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Deuteronomio significa repetición de la ley. Este mandamiento se le dio de nueva cuenta a los judíos porque quienes habían salido de Egipto habían muerto y ahora eran sus hijos lo que oía la repetición de la ley mosaica.

Dios nos ordena a honrar a nuestros padres

I. Debemos honrar a nuestro padre
II. Debemos honrar a nuestra madre
III. Para prolongar nuestra vida
IV. Para vivir bien

Para comprender enteramente este mandamiento es indispensable y necesario saber con exactitud que significa la palabra “honrar”. En la Biblia la palabra honrar va asociada generalmente a Dios. Dios nos pide que lo honremos y en este mandamiento de alguna manera el Señor “cede” esa prerrogativa a los padres.

Es decir, permite a sus criaturas que han procreado recibir un trato preferencial y también darle un trato preferencial a sus padres. Al honrar a nuestros padres lo que estamos haciendo es honrar a Dios. Al deshonrar a nuestros padres estamos deshonrando a Dios.

Los judíos dicen que este mandamiento está relacionado directamente con la adoración a Dios porque si obedecemos a nuestros padres que nos dieron la vida, también obedeceremos a Dios. Si desobedecemos a nuestros progenitores a Dios también lo haremos a un lado de nuestras vidas.

La palabra honra procede del vocablo hebreo “kabbed” que a su vez tiene su raíz en la palabra “kabad o kabed” que se utiliza unas 115 veces en el Antiguo Testamento casi siempre en relación a Dios. Algunos lo escriben como kabod y su primera idea es algo con “peso” o “gravedad”.

Esa misma palabra “kabed” o “kabod” se utiliza para expresar la idea de alguien que merece “honor”, “importancia” o “majestad” y “gloria” por su condición y naturaleza. La versión Reina Valera 1960 traduce este término como “gloria” que se le debe rendir a Dios por su importancia y por su honorabilidad.

En términos sencillos la palabra “gloria” implica engrandecer. Dar gloria u honrar a Dios implica engrandecerlo. Honrar a tus padres implica reconocer “su peso específico en nuestra vida y rendirles honor: reconocerlos, engrandecerlos, respetarlos y obedecerlos.

Cuando la Escritura dice que debemos honrar a nuestros padres lo que nos está pidiendo es darles la gran importancia que tienen. Sin ellos nuestra vida no hubiera sido posible. Independientemente de su conducta.

Debemos honrar a nuestro padre

Es interesante notar que hay un orden para honrar a nuestros padres y el primero que aparece en la primera lista es el papá. Aquí quiero aclarar que está hablando de padres que son dignos de recibir ese título porque se esforzaron para cuidar y procurar a los hijos.

Es difícil concebir una paternidad irresponsable, pero se da. Hay padres que incumplen con su rol. Que con la mano en la cintura botan a sus hijos o sus hijas y se van. De esta clase de padres no habla la Escritura porque por decisión propia rompen el vínculo que los une con sus hijos. Ellos lo decidieron así.

Esta clase de padres rompen con la convivencia que deben tener con sus hijos y sus hijos crecen sin el sentido de padre y con ese vínculo roto si reaparecen será muy difícil la recomposición del afecto hijo-padre. No digo que sea imposible, pero si complicado. Hay hijos o hijas que por compasión lo hacen, aun cuando el padre fue todo menos eso.

Aquí la Escritura habla del papá que se consagró a su familia. Que luchó por ella, que puso su mayor empeño y su mayor esfuerzo por cada uno de los integrantes de la familia. Al papá que estuvo en la dicha y la tristeza de sus hijos, merece el reconocimiento de sus hijos.

La figura paterna es de suma importancia en la configuración de la personalidad de los hijos. Ineludiblemente los hijos se parecerán al padre porque es la influencia más fuerte del hogar. Su importancia dentro del hogar es sumamente importante y por eso deben recibir honor.

Debemos honrar a nuestra madre

En segundo lugar aparece la mamá, no porque tenga menor importancia, al contrario a la hora de honrar al padre la mamá debe ser honrada con la misma fuerza o intensidad que el primero porque su esfuerzo fue igual de generoso que el del padre o tal vez más porque es ella la que genera la vida.

Aquí hablamos de una madre responsable, no de aquella que abandonó a sus hijos o los dejó por seguir sus propias aventuras. Es muy difícil encontrar una madre que dejé a sus hijos, pero al igual que padres irresponsables es factible también encontrar madres egoístas.

Aunque en México lo que más encontramos es madres que una vez que el papá decidió irse de casa se convierten en heroínas con una abnegación sobrenatural porque de flaqueza y carencias sacan a como de lugar a sus hijos y los hacen hombres y mujeres de bien.

A esta clase de madres merecen doble honor porque en medio de sus dificultades asumieron el rol de padre y madre. La mamá que ha luchado por sacar adelante a sus hijos es digna de doble honor.

Para prolongar nuestra vida

Este mandamiento dice que si honramos a nuestros padres “nuestros días se alargarán en la tierra” lo que quiere decir que al respetar y rendirle reconocimiento a nuestros padres nos da vida o nos permite vivir más tiempo en este mundo. Dios hace un compromiso con aquellos que honran a sus padres.

El ser humano siempre ha querido vivir mucho. Dios nos da la receta para vivir mucho. Honremos a papá y mamá. Eso será el mejor seguro para llegar a buena vejez. Dios promete a quienes cumplen con esta ordenanza que tendrá vida por bastante tiempo. Quien lo incumple vivirá poco.

La palabra honra implica reconocer la autoridad de nuestros padres. Autoridad que solo el vínculo matrimonial con nuestro esposa o esposo rompe, pero mientras vivamos bajo su cuidado debemos sujetarnos a su autoridad como principio para preservar nuestra vida.

Así lo entendía Pablo cuando escribe la carta a los Efesios 6:1-3. Aquí Pablo señala claramente larga vida sobre la tierra a todos aquellos que honren a sus padres. Pablo tenía como antecedente lo que la ley mosaica establecía en caso de no obedecer a sus padres. Deuteronomio 21:18.

Para vivir bien

Dios promete un estado de bienestar para aquellos hijos que se comportan honrando a sus padres. Esta otra promesa por respetar a nuestros padres va junto con la de vivir mucho porque sería muy triste tener una vida larga y no vivir bien, pero de igual modo sería muy triste vivir muy bien, pero poco.

El respeto a los padres constituye el pilar sobre el que descansa una vida de bienestar no solo en el plano material, sino sobre todo en el plano emocional. Una persona que supo aquilatar a sus padres, será una persona emocionalmente madura y sin dificultades en su vida adulta.

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