Intolerancia religiosa en el mundo

Por Sara S. Pozos Bravo 

En el Informe Provisional del relator especial sobre Libertad Religiosa, fechado el 27 de agosto de 2017, el relator especial de Naciones Unidas informa “… sobre el aumento de la intolerancia religiosa en todo el mundo y analiza la disparidad entre los compromisos internacionales contraídos para luchar contra actos intolerancias y contra las prácticas nacionales”. Que el relator advierta del aumento de casos sobre intolerancia religiosa implica o conlleva un señalamiento hacia los Estados y en contra del sistema internacional.

Los actos de intolerancia a nombre de la religión o las creencias están muy extendidos en todo el mundo. Se utiliza con frecuencia la violencia colectiva, que suele estar impulsada y justificada por las divisiones religiosas y sectarias, y el odio como forma de imponer normas religiosas o sociales.

Entre otros factores, los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel fundamental, debido a que en algunas ocasiones promueven o permiten la estigmatización de todo aquello que es “no mayoritario”, de todo aquel que es “diferente”. Ello nos lleva al problema de derechos en confrontación que es, sin duda alguna, una de las discusiones más interesantes en los últimos años.

Al mismo tiempo, hay una tendencia cada vez mayor hacia la politización y subordinación de la religión o las creencias a la seguridad. Los gobiernos, funcionarios y políticos promueven cada vez más las políticas de identidad para provocar la ansiedad pública, a menudo con el pretexto de garantizar la seguridad o el orden públicos.

Además, el relator especial observa que, si bien el extremismo violento cometido por agentes no estatales, a menudo en nombre de la religión o las creencias, es una amenaza real a la que hay que enfrentarse, se suele pasar por alto el papel que desempeñan muchos gobiernos al empeorar, fomentar o crear un entorno en el que puede prosperar dicho extremismo.

Otro elemento adicional de este Informe es el clima de intolerancia impulsado por el aumento de la xenofobia y el nativismo contra personas consideradas diferentes o extranjeras, situación que también esta haciendo que el público general pierda cada vez más la sensibilidad contra la incitación a la discriminación o la violencia y otras prácticas peligrosas, como la fijación de estereotipos y la estigmatización por motivos de religión o de creencias u otras características.

Esos fenómenos pueden acabar alienando y victimizando a las personas que se encuentran en situaciones vulnerables, incluidas las que pertenecen a minorías religiosas.

Estos y otros elementos son factores que inciden en el incremento de estos casos. El ciudadano –y ser humano- que señala al otro por sus creencias, promueve invariablemente una serie de actos de intolerancia que difícilmente pueden ser señalados y perseguidos como acciones de odio. Así que, en materia de respeto hacia el diferente falta mucho, mucho camino por recorrer en todos los sentidos y en todas las dimensiones.

Reproducido del periódico Milenio.

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