Riqueza y pobreza

Dice la Biblia en Proverbios 13:8

“El rescate de la vida del hombre está en sus riquezas; pero el pobre no oye censuras.”

La versión Palabra de Dios para Todos traduce este versículo así: “El rico con su riqueza paga rescate por su vida, pero al pobre nadie lo amenaza.” La Nueva Versión Internacional nos ofrece este ángulo: “Con su riqueza el rico pone a salvo su vida, pero al pobre no hay ni quien lo amenace.”

La Biblia Dios Habla Hoy escribe esto: “La riqueza del rico le salva la vida; el pobre jamás escucha amenazas.” En tanto que la Traducción al Lenguaje Actual nos presenta este texto así: “El rico, por su dinero, corre el peligro de ser secuestrado; el pobre no tiene ese problema, pues nadie lo amenaza.”

La Escritura, por lo que respecta al libro de Proverbios, procura de manera desencarnada presentar los sinsabores de la riqueza y las bondades de vivir con el pan diario o al día. Salomón, autor de la mayoría de las sentencias sabias de los hebreos, tiene en mente contrastar la riqueza y pobreza en sus más diversas modalidades.

La perspectiva que usa en el texto que hoy meditamos, es la de los peligros que entrañan las riquezas, de los cuales el principal es la codicia que se despierta entre los hombres cuando una persona comienza acumular bienes ya que de inmediato su vida corre riesgos de todo tipo: desde ser objeto de robos, hasta secuestros.

La riqueza tiene entonces importancia porque el hombre acaudalado puede pagar para que lo dejen con vida. El dinero tiene, desde esta mirada, un servicio que definitivamente no vale la pena porque sólo se acumula para usarlo en una emergencia o adversidad.

El pobre o el que vive al día no tiene ese problema porque su escasez o su falta de recursos lo vacuna contra esta clase de adversidades, que además de tensar y angustiar a quienes las viven, los deja con una marca indeleble para toda su vida y muchas veces los deja como estaban cuando comenzaron a acumular.

Aunque en realidad el trauma de una vivencia así jamás se puede borrar porque quienes padecen una situación de esta naturaleza nunca olvidan el trauma de canjear el dinero por su vida.

Salomón ni hace una apología a la pobreza, ni tampoco condena absolutamente la riqueza. A lo largo de los Proverbios una y otra vez repite que la riqueza que sirve a Dios es la mejor cura contra las catástrofes: allí está el ejemplo de Job que empobreció con su enfermedad, pero Dios lo bendijo al doble cuando lo restauró.

Lo que Salomón hace en este texto es llevar a quienes poseen riquezas a confiar absolutamente más en Dios que en sus recursos y a los que viven al día llevarlos a considerar que las riquezas son apenas un espejismo del que todos los hombres se deben cuidar porque la raíz de todos los males es el amor al dinero.

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