El celo de Dios

Dice la Biblia en Números 25: 13

“…tendrá él, y su descendencia después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios…”.

Esta promesa la hizo Dios a un hombre que el libro de Número identifica como Finnes, hijo de Eleazar que fue uno de los hijos de Aarón porque ante la idolatría de Israel y el matrimonio mixto o lo que los cristianos llamaríamos matrimonio en yugo desigual, reaccionó con indignación y defendió de manera decidida el honor de Dios.

Para entender la importancia de la promesa que Dios le hizo a este hombre es indispensable saber que Dios se agrada y desagrada de quienes le sirven. Se agrada de aquellos que con todo su corazón ministran ante su altar y le temen, pero se fastidia con aquellos que le tienen en poco. A esos, dice el libro de Samuel, «su memoria la pone en el polvo».

El Antiguo Testamento dice con toda claridad, por ejemplo, que los hijos de Elí, el profeta que crió en Silo al profeta Samuel, no concluirían con vida el ministerio de presentar las ofrendas de Dios, por su inaceptable conducta con lo que los israelitas traían como regalo para el Señor.

Ni que decir de Saúl que fue desechado como rey de Israel debido a su desobediencia en ordenanzas que Dios le dio, como la de destruir al rey de Amalec. Saúl perdonó a ese rey y el Señor determinó que Saúl no sería más monarca y en su lugar estableció a David.

En el caso del sacerdote Finnes, Dios le prometió que él y su descendencia siempre estarían como sacerdotes. Una promesa a todas luces bendita porque eso implicaba que para siempre esa familia sacerdotal estaría frente al altar del Señor para ofrecer sacrificios. Dios los preservaría para hacer esa privilegiada labor.

¿Qué fue lo que hizo este hombre llamado Finnes para que Dios lo recompensará con tal determinación? La respuesta es sencilla tuvo celo de Dios. La expresión celo de Dios tiene diversas traducciones: “indignarse a favor de Dios”, “defender celosamente el honor de Dios” y “demostración del amor por Dios”.

¿Y cómo demostró Finnes su celo por Dios? Lo demostró al destruir a un hombre que en tono de burla y desafiante llegó ante Moisés con una idolatra madianita. Finnes se indignó y terminó con la vida de ambos. El celo de Dios tiene como principal característica que defiende a capa y espada el honor de Dios.

Así lo hizo Jesús cuando ejecutó un azote de cuerdas en el templo de Jerusalén y expulsó a los vendedores y cambistas que habían convertido ese lugar sagrado en una cueva de ladrones. Juan dice que esa acción inusual en Cristo se inscribía dentro del celo que Él sentía por la casa del Señor.

El celo de Dios se requiere siempre, sobre todo en nuestros días cuando el honor de Dios es puesto en entredicho con conductas y acciones que hacen ver a sus seguidores como hombres y mujeres sin compromiso o que trocan el carácter y poder de Dios, en una caricatura debido a sus malas acciones.

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