Parábola de la edificación de una torre

Calcula si quieres ser discípulo de Cristo

Dice la Biblia en Lucas 14: 25-33

25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Introducción

Seguir a Jesús es más que un acto de emoción. Es un acto que se debe razonar, es un acto que se debe pensar concienzudamente. Jesús dijo esta parábola al ver grandes multitudes que le seguían. No lo impresionaron las multitudes, más bien le preocuparon porque sabía perfectamente que allí podría haber gente sin compromiso.

En los tiempos de Jesucristo había en Israel muchos maestros y también muchos discípulos. Era común encontrar rabinos con seguidores, pero Jesús quiso marcar la diferencia de su discipulado. Él no era un maestro más. El era y es el Señor y seguirlo implicaba un compromiso. Fuerte y para siempre.

Siempre será necesario repetir o repasar esta parábola ante el peligro siempre latente de que en la iglesia haya falsos seguidores del maestro o haya personas que vivan engañándose así mismo pensando que siguen al Señor cuando en realidad viven su propio evangelio.

Esta parábola, unida al ejemplo del rey que sale a la guerra, tiene un común denominador: la expresión calcula y considera que quiere decir piensa y razona la empresa en la que te vas a embarcar. Es una empresa dura, compleja y requiere de personas que saben exactamente lo que quieren y hacen.

Calcula si quieres ser discípulo de Cristo
I. Porque tienes que aborrecer a tu familia y a ti mismo (sacrificio)
II. Porque tienes que llevar tu cruz (sufrimiento)
III. Porque tienes que seguirlo (obediencia)
IV. Porque tienes que negarte a ti mismo

Porque tienes que aborrecer a tu familia y a ti mismo (sacrificio)

El discipulado de Cristo implica sacrificio. El mejor ejemplo de el sacrificio que Dios demanda es el que encontramos en la historia de Abraham e Isaac cuando Dios le pidió que se lo diera en sacrificio literal. Era su único hijo, pero aún así el patriarca no se lo rehusó. (Génesis 22).

Jesús planteó a sus seguidores que debían renunciar a sus apegos familiares. En la disyuntiva entre Él y la familia, debían optar por Él. Este pasaje ha sido uno de los más mal interpretados porque mucha gente piensa que Jesús está pidiendo desentendernos de nuestros seres queridos. Nada más alejado de la realidad.

Jesús lo que está planteando es que al ser su discípulo, si alguno de los miembros de nuestra familia se opone o “estorba” entonces la única alternativa es seguirlo a él y no dejarse presionar por los apegos familiares. En cierto sentido es “sacrificar” nuestro amor a nuestros seres queridos y por eso el uso del termino aborrecer.

Nunca fue la intención de Jesús que nosotros aborreciéramos u odiaramos a nuestros familiares. De hecho en esa lista se incluye uno mismo con lo que las palabras de Jesús cobran su sentido lógico debes estar dispuesto a sacrificar no solo a los demás sino a ti mismo para ser un discípulo de Cristo.

Esta consideración es de suma importancia porque implica que el verdadero discípulo de Cristo debe estar consciente del sacrificio que implica tener ese título sobre sus hombros. Dios quiere que le rindamos todo ante Él, hasta nosotros mismos.

Porque tiene que llevar su cruz (sufrimiento).

La cruz es el emblema del sufrimiento por excelencia. Llevar, cargar, tomar la cruz implica sufrir. El discípulo de Cristo debe estar consciente de que el sufrimiento llegará a su vida constantemente en sus más diversas manifestaciones: la familia te aborrecerá. Tus amigos te traicionarán. El mundo te perseguirá.

Y no puede ser de otra manera. Nuestro Maestro y Señor sufrió desde su llegada a este mundo: llegó a un pesebre. Hizo el bien y fue acusado de hacer milagros en nombre del maligno. Su muerte fue una penosa agonía y aún en los último minutos de su existencia fue increpado burlonamente por sus adversarios.

¿Qué podemos esperar nosotros?¿Cómo no aceptar el dolor de la traición o cómo quejarnos ante la incomprensión del mundo? ¿Cómo no aceptar su cruz, si el fue y es nuestro grande ejemplo?

El discípulo de Cristo debe estar consciente más que cualquier otro que le sigue y persigue el sufrimiento. Una y otra vez Cristo lo dijo. Cuando era azotado camino al Calvario les dijo a las mujeres que lloraban por Él que no llorarán por Él, sino por ellas mismas: Si esto hacen con el árbol verde, que no harán con el secó, les advirtió.

Porque tienes que seguirlo (obediencia)

Ir detrás de Jesús implica obedecerle. Él nos pide que sigamos sus pisadas que en palabras sencillas implica que nos conduzcamos como Él quiere que lo hagamos: en todo momento, en toda circunstancia y en cualquier lugar donde estemos, Jesús quiere tener señorío sobre nosotros.

Ser discípulo de Jesús implica sumisión, demanda renunciar a planes y proyectos personales y entregar por completo a hacer su voluntad. Rendirnos incondicionalmente a su voluntad y esta es una decisión que se debe pensar con mucho detenimiento porque es dejar de vivir para nosotros y vivir para Él.

Porque tienes que negarte a ti mismo

El discípulo de Cristo vive negándose así mismo, es decir no dejando a su vieja naturaleza dominar su vida, ni controlar su existencia. El seguidor de Jesús debe estar consciente que su vida es una constante y permanente renuncia a lo que quiere y desea su naturaleza caída.

Es vivir como Pablo decía: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó por mi.” Gálatas 2:20.

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