Un espíritu afable

Dice la Biblia en Cantares 8: 9

“…Si ella es muro edificaremos sobre él un palacio de plata…”.

La comparación del punto negro en una hoja blanca se ha utilizado desde hace mucho tiempo para ofrecer de manera gráfica uno de los problemas más comunes y reiterativos de la humanidad: las personas se centran en los errores, defectos, e imperfecciones de las personas antes que en sus virtudes.

El punto negro en la hoja blanca es una demostración que muchas de las veces se pierde lo positivo o favorable de alguien (esto representa todo lo blanco de la hoja) para centrarse exclusivamente en el punto negro (que representan yerros, equivocaciones o defectos).

La mujer de Cantares de la que habla Salomón en este texto es una mujer que carece de los atributos físicos de otras mujeres (aquí en lo referente a los senos), pero quienes le rodean, en lugar de centrarse en esa carencia o falta buscan sus virtudes y sus aptitudes que por supuesto las tiene y casi siempre a granel.

La Escritura no está contra la belleza de la mujer, sino en contra de que los hombres centren toda su atención en ese aspecto y descuiden o pierdan de vista que vana es la hermosura (es decir terminará un día determinado) y pasen por alto el carácter de cada fémina.

Buscar y encontrar la belleza interna de la mujer es un llamado para los hombres y una vez hallados resaltarlos una y otra vez y evitar estandarizar la hermosura de la mujer en función de las reglas que impone el mundo donde ciertas medidas del cuerpo de ella parecen ser ley para “ser bonita”.

Definitivamente cada mujer es preciosa a su manera porque es una obra de Dios y los varones deben reconocer esta verdad al momento de relacionarse con ellas, buscando siempre “el palacio de plata” del que habla Salomón en este texto y que se refiere al espíritu afable y apacible que es de gran estima delante del Señor.

La única preocupación y ocupación de las mujeres es trabajar su interior para que a la hora de hurgar en ese lugar se pueda encontrar una mujer virtuosa de la que se pueda decir sin temor a equivocarse que su estima sobre pasa al de las piedras preciosas. Por su puesto sin descuidar su aspecto físico.

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