Dios prohíbe el asesinato

Dice la Biblia en Éxodo 20:13

“No matarás”

Introducción

De los diez mandamientos este es el más corto o más breve, pero no por eso el menos importante. En este mandamiento Dios protege el más grande de los bienes que los hombres pueden tener: la vida. Y lo hace de una manera categórica, completa, absoluta.

Mucho antes que este mandamiento se escribiera la violencia en la tierra había provocado ya la muerte de personas. El caso más emblemático es precisamente el de los hermanos Caín y Abel. El primero le quitó la vida al segundo y su condena fue grande y ominosa o vergonzosa. Un asesino perderá la paz para siempre.

El mandamiento no matarás tiene su antecedente en los orígenes mismos de la humanidad. En Génesis 9: 6 encontramos:

“El que derramaré sangre del hombre, por el hombre, su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.”

El sexto mandamiento traza o señala el trato que se han de dar los hombres sobre la tierra. Nadie, absolutamente nadie tiene derecho a privar de la vida a otro. Se ha de respetar profundamente la vida humana porque es un don de Dios y como Él es quien la da, es el único que tiene la facultad y el derecho de quitarla.

Ese es el sentido de la expresión: “porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” Sin embargo para entender bien este texto es indispensable utilizar correctamente la traducción hebrea del verbo “matar”. En realidad el original no dice “matar”, sino asesinar. Dos términos que aunque parecen sinónimos son completamente distintos.

Tomó aquí un comentario del judaísmo sobre esta diferenciación: “La diferencia entre las dos es enorme. Matar significa 1) Quitar una vida, bien sea de un ser humano o un animal. 2) Quitar una vida humana deliberadamente o por accidente y 3) Quitar una vida humana legal o ilegalmente, moral o inmoralmente.

Por otro lado, asesinar solo puede significar una cosa: Tomar la vida humana ilegal o inmoralmente.”

Esta diferenciación nos permite entender porque si Dios prohíbe matar (siguiendo la versión Reina Valera 1960) autoriza que a los homicidas se les prive de la vida y también a aquellos que violentan a sus padres, violan el día del shabbat o prostituyen a sus hijas, entre otros.
La pena de muerte sería inexplicable si el termino del sexto mandamiento quedará como “No matarás”. Lo correcto es o más debería de ser “No asesinarás”.

Este mandamiento es amplio y al decir amplio se entiende que la vida debe respetarse desde el principio hasta el fin. Ni el aborto ni la eutanasia pueden aceptarse porque implican interrumpir la existencia de un ser humano y esa prerrogativa es exclusiva de Dios.

Al ser amplio comprende también el suicidio. El suicidio o quitarse la vida por uno mismo y constituye una forma de homicidio o asesinato.

La ley mosaica establecía con toda claridad la diferencia entre el homicidio imprudencial, es decir cuando una persona de manera accidental privada de la vida a otra persona del homicidio doloso o el que se cometía con premeditación, alevosía y ventaja.

Esta diferenciación está claramente marcada en el pasaje de Número 25: 9-28. Las ciudades de refugio fueron ordenas por Dios para proteger al que sin intención privó de la vida a su semejante, pero a quien con toda la intención de matar a su prójimo su pena sería también la muerte.

Dios prohíbe el asesinato

I. Porque Él es el autor de la vida
II. En todas sus formas
A. Aborto
B. Eutanasia
C. Suicidio
D. Enojo
III. Porque la vida es el más grande bien

Porque Él es el autor de la vida

De principio a fin la Escritura establece con toda claridad que Dios es el autor de la vida. La creación de Adán y Eva y el sopló de vida que hizo sobre ellos para que fueran seres vivientes es la manifestación más clara que el hombre no vive o existe por sí mismo sino como consecuencia de un milagro divino.

En Génesis 9:6 el Señor ofrece este argumento de la manera más sencilla: El hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios y nadie tiene derecho alguno de privar de la existencia a nadie porque los seres humanos somos hechura de Dios.

En todas sus formas

El homicidio no solo implica privar de la vida a una persona, sino tiene amplias implicaciones debido a que se puede quitar la existencia a seres tomando indebidamente el atributo de justicia que sólo Dios tiene. Él sabe cuándo cada persona debe abandonar este mundo.

El aborto

Los cristianos evangélicos creemos firmemente que el ser humano empieza su vida desde el embrión. El embrión es el resultado de la unión del espermatozoide con el óvulo. Desde allí comienza la vida del ser humano. La Escritura dice lo siguiente: “Mi embrión vieron tus ojos mucho antes de nacer.” Salmos 139:16.

El aborto representa, entonces, una manera de asesinato, porque se priva de la vida a un ser inocente. La ley permite el aborto en la ciudad de México y en algunos otros estados de la república en tres circunstancias: 1. Cuando el producto es resultado de una violación. 2. Cuando pone en peligro la vida de la madre y 3. Alteraciones genéticas o congénitas.

El pueblo cristiano siempre estará a favor de la vida y cada mujer en función de sus convicciones personales habrá de determinar, si su situación encuadra en estos tres casos, la mejor decisión que ella considere sin afectar ni su conciencia ni su libertad que tiene como hija de Dios.

Fuera de estas tres hipótesis, la iglesia cristiana se manifiesta y se manifestará siempre en contra de esta práctica porque constituye el asesinato vil y cobarde de un ser inocente.

La eutanasia

La eutanasia es también la terminación de la vida por medios humanos. La eutanasia se traduce sencillamente como muerte por piedad. Sólo en la ciudad de México existe una ley de Voluntad Anticipada que aprueba que una persona con una enfermedad crónica e incurable solicite una muerte asistida.

El debate sobre este tema estará allí, sin embargo desde la perspectiva bíblica está sigue siendo una forma humana de privar de la vida a otra persona, y en ese sentido trasgrede el mandamiento de “no asesinarás” que mandata el sexto mandamiento del libro de Éxodo.

La eutanasia aunque tenga como motivación la piedad sobre un enfermo no deja de ser la intervención humana sobre una persona para asistirle en su muerte y decidir de esa manera el día y la hora que a de dejar este mundo, abrogando un derecho que sólo Dios tiene.

El suicidio

El suicidio es quitarse la vida uno mismo y representa una manera de homicidio porque el suicida se toma una prerrogativa que solo corresponde al Señor. Por supuesto que es comprensible que la desesperación o profunda depresión lleve a una persona a cometer este acto, pero siempre resultará inaceptable.

El suicidio es tan antiguo como antiguo es el mundo. En la Biblia encontramos suicidas como Abimelec, Sansón, el escudero de Saúl, Ahitofel y Judas, entre otros que se quitaron la vida.

El enojo

Jesús amplió de manera muy sabia los alcances de este mandamiento. En Mateo 5:21-22 la Escritura dice:

21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

La Nueva Versión Internacional traduce este texto así:

21 »Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal”. 22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Y cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al fuego del infierno.

 

Jesús dice que una persona que se enoja contra su hermano está cometiendo un homicidio, también quien lo insulta y el que lo maldiga. El homicidio es un acto que va más allá de solo privar de la vida a alguien, según Jesús el mandamiento tiene una aplicación más amplia de lo que nosotros pensamos.

Asesinamos cuando nos enojamos con nuestros hermanos, no solo en la fe, sino también a los filiales, es decir a los hijos de nuestros padres. Generalmente el enojo es la fuente de los homicidios y el solo hecho de fastidiarnos con nuestros semejantes es una forma de asesinar.

 

Porque la vida es el bien más grande 

La vida es el más grande bien que tenemos. Existir es una bendición que Dios nos ha dado y por eso la protege. De los cincos mandamientos de la segunda tabla dada a Moisés en el monte Sinaí y que tutela la relación entre las criaturas y sus semejantes, ninguno tiene mayor valor que este porque resguarda la vida misma.

Los seres humanos estamos llamados a proteger y resguarda la vida. Nosotros no nos hicimos a nosotros mismos, sino que fue Dios quien nos creó y debemos cuidar ese don maravilloso que se llama vida.

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