Regocijo

Dice la Biblia en Salmos 40: 16

“Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan…”.

David vivió mucho tiempo perseguido. Sin familia, huyendo sin haber hecho nada malo. Esa etapa fue el antecedente inmediato para su ascenso al poder de Israel. En ese tiempo compuso decenas de salmos donde encontramos a un David que ante la adversidad encuentra desahogo siempre en Dios.

El salmo cuarenta constituye uno de esos salmos y junto con el setenta, que por cierto son muy parecidos, el rey de Israel se refugia en Dios ante la multiplicación de sus adversarios que lo quieren ver destruido y lo afrentan con las más diversas acusaciones, todas ellas sin sustento.

Además de estar convencido de que Dios está con él, el “dulce cantor de Israel” sabe que no está solo en la búsqueda de Dios y por eso llama a todos aquellos que junto con él se acercan al Señor justo en esos momentos en los que la tribulación o sufrimiento arrecian en su vida.

Y los convoca para que se gocen y alegren en Dios. Parece una contradicción alegrarse en medio de los problemas, pero David lo hace porque sabe perfectamente que la actitud con que enfrentemos las adversidades es sumamente importante para salir de ellas.

Además Dios está con nosotros y si Dios está con nosotros, ¿quien podrá hacernos mal?, ni el gigante más fuerte, ni el rey más poderoso, ni las circunstancias más extremas. Dios siempre tendrá una salida y sabrá hacer con nosotros lo que mejor convenga a nuestras vidas.

Por eso todos los que buscan a Dios deben gozarse y alegrarse. La repetición de dos términos que son sinónimos buscan resaltar la actitud de regocijo que deben tener los que se acercan a Dios.

Mil años después de que David escribió esto, un judío llamado Saulo de Tarso que todos conocemos con Pablo escribió en su carta a los Filipenses: “Regocijaos en el Señor, otra vez os digo regocijaos en él”, para recordarnos la actitud con la que debemos afrontar la vida siempre.

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