Cómo mantener nuestro deseo de Dios a pesar de las adversidades

Introducción al Salmo 42

El autor o los autores 

El salmo cuarenta y dos es una plegaria de un hombre con una profunda necesidad de Dios, distanciado físicamente del lugar de adoración de su Dios, por circunstancias completamente ajenas a su voluntad que son aprovechadas por sus enemigos para espetarle en la cara todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

Pero ese hombre mantiene en su ser el deseo ferviente por tener comunión con su Dios y recurre a dos recursos que plantea en esa oración: se acuerda de lo placentero y gozoso que le resultó estar en la casa de Dios, acompañado de hombres y mujeres que con regocijo llegaban a la presencia de Dios.

El salmo cuarenta y dos forma parte del segundo libro de los Salmos y fue escrito por los hijos de Coré. El único Coré que encontramos en la Biblia es el Coré de la rebelión en el desierto. (Núm.. 16:1-3)Aquel era un levita que se inconformó con el liderazgo de Aarón y Moisés y murió tragado por la tierra en una espantosa demostración del poder de Dios.

Aunque el murió tuvo descendientes que sirvieron a la casa de Dios como porteros como músicos, según descubrimos en el libro de (1º de Crónicas 6 y 2º de Crónicas 20:19) y en los salmos donde encontramos por lo menos once salmos. De hecho del salmo 44 hasta el 49 todos tienen la inscripción de haber sido compuestos por ellos.

Más aun, los salmos 84, 85, 87 y 88 también son designados a ellos. En total son once los salmos que llevan el nombre de los descendientes de un personaje que si bien ofendió a Dios y recibió su retribución sus descendientes se convirtieron de todo corazón y alcanzaron un lugar en el salterio judío.

Todas estas referencias hacen suponer que el autor del salmo era un levita porque Coré pertenecía a la familia de los levitas. Además la descripción de su nostalgia por conducir a la multitud a la casa de Dios entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta, parecen confirmar dicha suposición.

Su ascendiente cometió un yerro muy grande y fue castigado, pero él buscó a Dios y encontró no sólo perdón y compasión, sino inspiración para componer este salmo que ha servido a millones que en medio de la lucha y la opresión mantienen palpitante su deseo por Dios.

Las citas geográficas de la tierra de Jordán y la tierra de los hermonitas y el monte de Mizar sirven para fijar el lugar de su residencia. Él no está en Jerusalén. Está muy lejos de allí y esa lejanía o distancia en lugar de “enfriarlo” le llevan a sentir una profunda necesidad de Dios, como la de una cierva, un ciervo o una venado.

El autor del salmo cuarenta y dos es un hombre necesitado, urgido de la presencia de Dios, que lucha consigo mismo por mantener su fe puesta a prueba por sus enemigos que al verlo en dificultades le presionan diciéndole que su Dios lo ha abandonado.

Estructura 

Es un poco complicado encontrar una estructura en cada uno de los salmos, pero el salmo cuarenta y dos parece marcar al menos tres secciones o partes muy marcadas por parte de su autor y eso nos auxilia para hallar un bosquejo que nos resulta muy útil para entender el propósito que tenía el autor al escribirlo.

A continuación presentó el siguiente bosquejo para el estudio que tendremos de este salmo y que nos auxiliará para comprender la intención de esta oración que debemos resguardar en nuestro corazón sobre todo cuando el abatimiento interrumpa nuestra paz.

Cómo mantener nuestro deseo de Dios a pesar de las adversidades

I. Dios debe ser nuestra razón vital v. 1-2
II. La casa de Dios debe ser siempre nuestro anhelo v. 3-5
III. Nunca debemos olvidar que Dios es Dios v. 6-11

Figuras Retóricas 

Las figuras retóricas o figuras poéticas son apoyos mediante los cuales un escritor puede dar realce, importancia, originalidad y belleza a una obra. En el Salmo cuarenta y dos encontramos al menos nueve de ellas con las que el autor de esta preciosa oración nos acerca más a sus sentimiento.

El objetivo de estas figuras retóricas es de clarificar el sentido del texto. De ningún modo quiere oscurecer o dificultar el entendimiento de su obra y por ello resulta útil identificarla para luego proceder a buscar su propósito y sobre todo su sentido para hacer más comprensible su oda.

En este salmo podemos encontrar nueve figuras retóricas que a continuación presento enlistadas para que a lo largo del estudio podamos interpretarlas para conocer su razón en el texto que a partir de esta noche comenzaremos a estudiar en la iglesia.

1. Como el siervo brama…
2. Mi alma tiene sed…
3. Fueron mis lágrimas mi pan…
4. Derramo mi alma..
5. Un abismo llama a otro…
6. La voz de tus cascadas…
7. Tus ondas y olas han pasado…
8. Roca mía…
9. Hiere mis huesos…

Palabras clave 

1. Alma
Aparece al menos cinco veces en los versos 2, 4, 5, 6 y 11

2. Abatimiento
La expresión aparece por lo menos tres veces en el verso 5 como por qué te “abates”, en el v. 6 en mi alma esta “abatida” y una vez más en v. 11 por qué te “abates”.

3. Me acuerdo
Se usa dos veces en el salmo: v. 4 “me acuerdo” y en el v. 6 “me acordaré”.

4. ¿Dónde está tu Dios?

Esta pregunta se repite en dos ocasiones de manera idéntica en los versos 3 y 10.

5. ¿Por qué te abates…”

Los versos 5 y 11 son idénticos y su repetición nos ofrece la posibilidad de identificar el estado de ánimo en el que se encontraba el autor a la hora de componer el salmo.

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