Limitaciones

Dice la Biblia en Cantares 8: 10

“Yo soy muro, y mis pechos como torres, desde que fui en sus ojos como la que halla paz.”

Para que la vida matrimonial no sea desgastante, tortuosa o insoportable debe tener como base el reconocimiento mutuo de las grandes virtudes de ambos consortes, pero también de los defectos que todos los seres humanos, hombres y mujeres, tenemos. Reconocer y ensalzar los primeros y tratar de corregir los segundos nos ahorrará mucho tiempo en discusiones inútiles.

Al matrimonio se ha de llegar consciente de las limitaciones y capacidades de cada uno de los conyugues. El hombre ha de saber que la persona con la que va a casarse o se ha casado es un persona que está en proyecto de maduración y el matrimonio será el instrumento que perfeccionará su lucha.

De igual manera, la mujer debe estar preparada y sabedora  de que su esposo es un varón que trae consigo valores muy distintos a los que ella tuvo en su hogar y no trae una formación para saber vivir en pareja y ella deberá de comprenderlo.

En ambos casos, el amor hará posible que puedan cohabitar dos personas con características tan disímbolas.

El texto que hoy meditamos nos lleva a reflexionar sobre la importancia que tiene en la pareja que pese a sus limitaciones, sepan tratarse con amor.  En un mundo donde el estándar de belleza se impone con criterios basados estrictamente en lo físico, las parejas han de luchar por evitar la influencia de la sociedad y propiciarse elogios y miradas que hagan sentirse bien el uno al otro. En particular el hombre hacia la mujer.

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