Clamor

Dice la Biblia en Salmos 120:1

“A Jehová clamé estando en la angustia, y él y me respondió.”

Los seres humanos somos extremadamente frágiles. Más de lo que podemos imaginar. Una sola circunstancia puede cimbrar nuestra existencia de tal manera que nos marca para siempre y es entonces cuando la angustia se apodera de nuestra vida  y nos atormenta.

El salmista estuvo angustiado y en esa condición hizo lo que todos podemos y debemos hacer: clamó. La palabra clamó procede del hebreo “qarati” que se traduce en el Antiguo Testamento como alguien que llora a gritos. El salmista invocó a Dios de esa manera.

De qué tamaño habrá sido su angustia que el autor de este texto tuvo que desahogarse de esa manera ante el Señor. Sabemos por experiencia propia o de otros que las circunstancias que más nos angustian en la vida son la enfermedad, la perdida de nuestros bienes o el sufrimiento de nuestros seres queridos.

Ante esta clase de situaciones lo único que queda es invocar el santo nombre de Dios, pero no de manera ordinaria sino extraordinaria, clamando voz en cuello, que tenga de nosotros misericordia y en su bendita bondad se apiade de nuestra existencia.

Al hacer eso, el salmista encontró respuesta.

La historia del rey Ezequías nos ilustra bien esta verdad: Un día el monarca fue visitado por el profeta Isaías que fue a anunciarle que moriría y que pusiera en orden su casa. Ante tal anunció el rey lloró y clamó delante de Dios, quien al ver la actitud de Ezequías le añadió otro quince años.

Clamar en la angustia siempre nos ha de garantizar la respuesta de Dios. Pero no con cualquier clase de clamor, sino con el clamor que su humilla delante de él y lo reconoce como el único Rey y Señor de la vida y del universo. Clamar a Dios requiere una profunda humildad de nuestra parte.

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