Enormes huellas para rellenar

A ocho días de la muerte del pastor evangélico Billy Graham, quien rezó con todos y cada uno de los presidentes de Estados Unidos desde Harry Truman hasta Barack Obama, compartimos un texto de su hijo, William Franklin Graham III acerca del llamado a rellenar las huellas de su padre.    

¡Si el día que nací hubiera entendido los mensajes que las personas me estaban enviando, habría regresado a rastras al lugar donde salí y lo hubiera dejado todo para otro momento! 

¿Cree usted que estoy bromeando? Así es, lo estoy. Sin embargo, no creo que a usted le hubiera gustado empezar su andar sobre este planeta con expresiones como estas: 

“Bienvenido a este mundo pecaminoso y al desafío de caminar los pasos de tu padre”, decía un telegrama de la Western Union. Una tarjeta decía: “Ojalá te cobije en manto de tu padre”

“Mi pequeño Billy Krank”, decía una nota. “Supimos que tu padre tiene ahora otro que lo ayude a predicar la verdad divina, ¡Gloria a Dios! Crece rápido”.

“Buena suerte y los mejores deseos para el joven predicador”, decía otra. 

“Miles y miles de nosotros nos regocijamos y damos gracias a Dios por tu nacimiento”, escribió una dama. 

Un admirador católico tenía una detallada perspectiva de mi vida: “Apuesto a que algún día su nuevo bebé será católico, tal vez cura, obispo o cardenal. Es posible que sea papa. Entonces sería infalible en asuntos de fe y moral”.

¡Yo no sabía en lo que me estaba metiendo! En todo el mundo se admiraba a Billy Graham como un líder espiritual. Supongo que sería lo más natural que a la larga su primogénito plantara sus diminutos pies en sus gigantescas huellas. 

Ninguna de esas tarjetas o telegramas sugería que yo podía crecer para disfrutar el éxito de una carrera como ganadero, piloto, médico o mecánico de motocicletas. No, yo estaba destinado a ser un predicador… 

Estoy seguro de que ninguno de los que aplaudieron mi nacimiento quisieron presionarme deliberadamente a tratar de vivir con expectativas extrañas o inalcanzables. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que sintiera que ser hijo de Billy Graham era tanto una bendición como una carga. 

Texto tomado de Un rebelde con causa, autobiografía de William Franklin Graham III (página 1 y 2).

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