Padre

Dice la Biblia en Mateo 7: 11

“…si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.

Si el hombre, que en maldad ha sido formado y en pecado es concebido, sabe comportarse de manera bondadosa con sus hijos, ¿cuanto más Dios que es puro y limpio y que no es que tenga bondad y amor, sino que Él mismo es la bondad y el amor personificado le dará a sus hijos lo que le piden?

Ese es el aliciente fundamental para los discípulos de Cristo, un Padre celestial que sabe premiar a sus amados hijos que le buscan para expresarle sus necesidades apremiantes.

La gran virtud o revolucionaria enseñanza consistió precisamente en presentar a Dios como un Padre. En el reino de los cielos que Él anunciaba se enseñaba a ver a Dios como Padre, pero no cualquiera, sino un padre amoroso y compasivo que se ocupa de la provisión de los suyos.

Sin menoscabo de su santidad y majestuosidad, Jesús incrustó en la mente de sus seguidores esta novedosa perspectiva de Dios que nos auxilia para entender que seguimos a un Señor que atiende la súplica de quienes claman a Él de día y de noche con las más diversas necesidades.

El Padre que hace salir su sol sobre buenos y malos, el Padre perfecto que está en los cielos, el Padre que recompensa en público, el Padre que sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, el Padre celestial que nos perdona cuando nosotros perdonamos, es la revelación más esclarecedora que nos dejó Jesús.

Nos inspira confianza absoluta y seguridad para nuestra atribulada alma el hecho de saber que nuestro Dios es un papá a quien con toda certeza nos podemos acercar para ser oídos y recibir el auxilio en los momentos de mayor tensión en nuestra existencia.

Y entrados en confianza le podemos decir como Pablo solía llamarle: Aba, una arameismo que se traduce como papacito o papito.

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