La viña

Dice la Biblia en Cantares 8:11

“Salomón tuvo una viña…cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.”

El libro de Cantares nos ha llevado por las emociones, los deseos y el deleite que viven los consortes en su relación amorosa. El placer que produce la unión matrimonial son desglosados, si no en su totalidad, sí en su vasta mayoría por parte de Salomón, el autor de este hermoso libro.

De principio a fin Salomón resalta una y otra vez el valor que la esposa debe tener en la vida del esposo. La mujer o conyugue es de un valor incalculable de tal forma que el libro de los proverbios, también compuesto por el rey sabio, dice que “el que halla mujer halla el bien y alcanza la benevolencia del Señor.”

Esta clase de esposa es la que le da bienes y no males al esposo de tal manera que su valor sobrepasa al de las piedras preciosas. De allí que la comparación de la esposa con un viña llena de frutos es uno de los mejores ejemplos de Salomón para enseñar a los esposos a valorar a su consorte.

Una esposa apreciada será siempre una esposa que viva en paz consigo misma y en consecuencia será una mujer que experimente una autoestima equilibrada que le permita pensar de sí misma como alguien que tiene valor y no como alguien a quien nadie le importa o que solo es utilizada para los fines que a su marido le convienen.

El lugar de la mujer dentro del matrimonio es de vital importancia para su correcto funcionamiento y es deber del esposo recordárselo permanentemente no solo con palabras, pero también con hechos que acentúen y subrayen su valía en todos los ordenes dentro del hogar.

Si nos atenemos a la figura que utiliza Salomón para señalar a la mujer como una viña es necesario recordar que una viña necesita agua siempre, requiere atención para evitar la proliferación de hierba y sobre todo necesita cuidado extremo, haciéndolo el “dueño” de la viña obtendrá frutos al por mayor.

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