Dios cuida el patrimonio de las personas

Dice la Biblia en Éxodo 20: 15

“No hurtarás”

Introducción

La literatura universal nos ha regalado un personaje llamado Robin Hood que en la Inglaterra de los siglos XIII y XIV robaba a los ricos para dar a los pobres, el cual es utilizado como justificación o como atenuante para algunos ante el mandamiento de “no huratarás”.

En México contamos con el famoso “Chucho el roto”, cuyo nombre completo fue Jesús Arriaga y que éste si un personaje real y no producto de la literatura robaba en la ciudad de México y parte de su botín lo repartía entre los pobres y se convirtió en un héroe popular.

Pero el robo o el hurto nunca tendrán justificación. A pesar de que intentes ser como Robin Hood o Chucho el roto. Dios protege el patrimonio de las personas y se debe respetar siempre los bienes de los demás porque así lo establece Dios en su bendita palabra.

Antes de comenzar este estudio es muy importante distinguir dos palabras que parecen sinónimas, pero no lo son: hurtar y robar. El hurto es una acción que se lleva a cabo sin que la persona sepa que se le está dañando su patrimonio, ya sea porque no está o está durmiendo.

El robo es una acción en la que la persona es testigo o presencia el despojo de sus bienes y los ladrones utilizan para ello la violencia física o la utilización de una arma ya sea punzocortante o de fuego o al engaño con tal de obtener un bien o bienes de otra persona.

Vista en esta perspectiva no es lo mismo hurtar que robar. A Dios le interesa que aprendamos a no hurtar porque esa clase de despojo de bienes es el mas usual debido a que “como no nos están viendo” se le hace fácil a las personas tomar lo que no es suyo.

Este mandamiento tiene como propósito fundamental que las personas aprendan a respetar lo que no es suyo. Dios desea que todos podamos entender que todas las cosas tienen un dueño y por ese sólo hecho debe respetarse absolutamente todas las cosas materiales de nuestros semejantes.

Dios cuida el patrimonio de las personas

I. Porque el hurto conjuga engaño y mentira
II. Porque el hurto empobrece
III. Porque Dios sanciona a los ladrones

Porque el hurto conjuga engaño y mentira

En Levítico 19: 11 leemos: “No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis el uno al otro.” Lo que nos enseña que al hurtar lo que estamos haciendo, además de privar de su patrimonio a nuestro semejante, es engañar y mentir a nuestro prójimo porque lo estamos despojan del bien o los bienes que con dedicación consiguió.

Como lo hemos citado antes, el hurto es el despojo de los bienes de las personas sin que se den cuenta. El derecho penal tiene varias figuras o varios delitos que forman parte de lo que se conoce o llama delitos patrimoniales, es decir aquellos actos cometidos por personas para privar de sus bienes a otros.

Entre ellos destacan, además del robo, los delitos de abuso de confianza, fraude, despojo y daño en propiedad ajena. Si bien en una primera instancia no constituyen propiamente un robo o hurto como lo define la Escritura al final representa una forma de robo.

Tanto para el robo como para estos delitos el hombre recurre al engaño y a la mentira que Dios aborrece y por ello pide a sus hijos evitar a toda costa esta conducta.

Porque el hurto empobrece

Existen muchísimas historias muy tristes cuando alguien roba por ejemplo una moto o una computadora que apenas se está pagando. O cuando un ladrón ingresa a un domicilio y hurta bienes que han costado toda una vida para adquirirlos o tenerlos en propiedad.

Hay robos de los que pasan muchos años para poder reponernos y a veces, tristemente, ni volviendo a nacer podremos recuperar lo que algún ladrón nos ha quitado y por eso el hurto empobrece de una manera terrible y Dios le pide a sus hijos evitar esta conducta.

Pero el hurto no solo empobrece a la víctima, el hurto empobrece todavía más a quien lo ejecuta porque vive engañado pensando que ese dinero mal habido le rendirá o le servirá. Nada de eso. Quien roba cae bajo una terrible y destructiva maldición divina.

Es cierto, los ladrones disfrutan efímeramente “sus ganancias”, pero a la larga tienen que pagar todo el daño que hicieron a personas inocentes que sufrieron el menoscabo de su patrimonio.

Dios está en contra de quienes roban porque el esfuerzo de muchos años o de toda una vida desaparece en un instante por manos que en lugar de trabajar y buscar por medio lícitos su sustento, privan a otros de sus posesiones, sin saber que para obtenerlo han trabajado mucho.

En Juan 10:10 dice que el ladrón no viene sino a hurtar, matar y destruir. Y un ladrón hace exactamente mata y destruye el esfuerzo y trabajo de personas honorables.

Porque Dios sanciona a los ladrones

Quizá uno de los ladrones de la Biblia más conocidos es Judas. Leemos sobre Judas en Juan 12:6

“Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.”

Judas fue designado por Dios como el tesorero de los discípulos. Es interesante notar que a pesar de un grupo pequeño fue necesario contar con una persona encargada de dicha actividad. Por el perfil del puesto pienso que era mejor poner a Mateo allí porque era recaudador de impuestos. Pero fue puesto allí Judas.

Pero Judas tenía un problema le gustaba el dinero fácil, aquel que se obtiene sin esfuerzo. El discípulo de Cristo pensó que nadie se daría o se daba cuenta de lo que hacía, pero según leemos después todos supieron el problema que tenía y fue notoria su debilidad.

Este fue el primer paso para su ruina. El segundo fue buscar a los enemigos del Jesús para ofrecerse a entregarlo por treinta monedas de plata. El robo o hurto llevaba a la ambición desmedida que terminará destruyendo a quienes se dedican a esta clase de maldad.

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