Más sabio

Dice la Biblia en Salmos 119: 98

“Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo.”

Para ilustrar este texto les contaré la siguiente historia.

Hace ya varios lustros trabajé para el gobierno del Estado. Era el final de un sexenio y la administración estatal pagó una compensación extra a todos los empleados de la dependencia para la cual laboraba. Había ingresado un año antes de que acabara el gobierno sexenal y pensé que esa retribución no me correspondía.

Un amigo muy apreciado me pidió que revisara si ese pago lo tendría que recibir. Le dije que no porque tenía apenas un año, pero fue tanta su insistencia que accedí y pregunté con el administrador y me dijo que sí que el pago me correspondía, pero que el Contador de la oficina ya lo había cobrado por mi. Me indigné.

El administrado sonrió cuando vio mi cara de sorpresa y para consolarme me dijo: “No es el primer caso.” Entonces me pregunté: ¿Qué hacer? ¿Reclamarle al Contador? Lo negaría. ¿Decirle ladrón? Empezaría un pleito que tal vez no tendría fin. Y entonces ideé el siguiente plan que llevé a cabo.

Lo busqué en su oficina y le dije lo siguiente: “Fíjate, Contador, que el gobernador nos dijo a los empleados que estábamos en uno de sus eventos que había un pago que él había autorizado para nosotros y que sí ya lo habíamos recibido y que tu eras la vía para obtenerlo. Si aún no lo tienes, nos dijo que regresáramos con él para que lo acelerara.”

Sorprendido, me contestó, “¿eso les dijo?” Así es le respondí. Y de inmediato le agregué: “pero si no lo tienes no te preocupes voy con él para decirle que por alguna razón el pago no está”. Pero me detuvo y me dijo: “No, espera, déjame lo checó y te digo.”

Salió de su oficina. Subió a la segunda planta del edificio donde laborábamos y cuando descendió me dijo con enfado: “¿Qué crees? Nos lo quería robar. Pero ya lo recuperé” y enseguida me pidió pasar a su oficina y allí me pagó el dinero que ya había cobrado él por mí.

Por supuesto que yo nunca había hablado con ningún gobernador.

La Escritura tiene una enorme virtud. Nos hace sagaces. Nos abre posibilidades donde todo parece cerrado. Hace que nuestra mente trabaje de una manera asombrosa para honrar al Señor siempre.

Dejarse acompañar por los mandamientos de Dios contenidos en la Biblia tienen la virtud de hacernos más sabios que nuestros enemigos.

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