Parábola del crecimiento de la semilla

El reino de los cielos se desarrolla en quien lo recibe

Dice la Biblia en Marcos 4:26-29

“26 Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; 27 y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. 28 Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; 29 y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.”

Introducción

Jesús estaba sumamente interesado en enseñarle a sus discípulos el reino de Dios y lo hizo usando toda clase de ejemplos que encontró a la mano para que sus seguidores conocieran su gobierno espiritual en todos sus ángulos y en todas sus manifestaciones.

Los judíos esperaban un reino terrenal donde el Mesías reinará, pero Jesús tenía un plan más ambicioso. Un gobierno sin fin, una autoridad sobre todos y para todos que tuviera su base en el corazón del hombre más que en su mente y por eso diseñó el reino de los cielos.

En no pocas parábolas el Señor les enseñó a su discípulos y nos enseña a nosotros en que consiste el reino de los cielos o cómo es. De que se trata ese concepto tan novedoso para todos. Un reino o gobierno espiritual al que todos son convocados y todos son llamados.

El reino de los cielos fue la materia esencial de Cristo. Sobre ella construyó su conceptos y preceptos. Desde el comienzo de su ministerio hasta el último día el reino de Dios constituye la única opción para los seguidores del Señor. Y por eso la relevancia de todas y cada una de las parábolas.

El reino de los cielos se desarrolla en quien lo recibe

I. Como una semilla que se planta
II. Como un fruto que crece
III. Como un fruto que se cosecha

La parábola del crecimiento de la semilla tiene como finalidad o intención reflexionar sobre el desarrollo natural o crecimiento normal que debe tener el reino de los cielos en la vida de las personas: ni muy lento o tan despacio que desespere, pero tampoco muy rápido que sea fugaz.

Esta parábola es sumamente importante para todos nosotros a quienes estos tiempos de inmediatez nos han alcanzado. Vivimos tiempos en los cuales la velocidad o rapidez para la obtención de bienes y servicios nos hacen pensar que todo en la vida se obtiene de inmediato.

En el reino de los cielos todo tiene un proceso. Si bien hay algunas cosas que ocurren por la gracia rápidamente, la mayoría de las virtudes que Dios demanda en sus hijos tienen un proceso tardado y por eso Dios demanda de nosotros paciencia como la de un campesino que siembra y obtiene su cosecha hasta después.

I. Como una semilla que se planta

El reino de los cielos se desarrolla en quien lo recibe como una semilla que se planta. Todas las semillas que se siembran tienen un tiempo para producir. Ninguna planta que se siembra esta noche mañana ya estará produciendo esa es una verdad que tenemos que guardar para no impacientarnos.

Lo importante para un campesino antes de sembrar es conseguir una buena semilla. Teniéndola ha comenzado con el pie derecho su labor, pero no lo es todo. Eso es apenas el principio y quienes obtienen la semilla, tiene luego que sembrarla. De lo contrario aunque la tengan mientras no la siembren no podrán obtener fruto.

II. Como un fruto que crece

Para que no olvidaran esta enseñanza Jesús les llevó paso a paso por los diferentes estados que vive una semilla una vez que se ha plantado. Primero es hierba, es decir a las semanas de sembrada se empieza a ver que el fruto ha caído en buena tierra, pero aún no está madura.

Luego con emoción hemos de ver que de hierba pasa a ser espiga, para posteriormente comenzar a llenarse de grano, pero aún no está lista para ser arrancada, el campesino tiene que espera su completa maduración porque si la corta antes de tiempo se puede echar a perder.

III. Como fruto que se cosecha

Solo después de haber sembrado y que las plantas hayan recibido la lluvia temprana y tardía y esperado su crecimiento y perfecto desarrollo, entonces se puede cosechar. No antes. Hay todo un proceso en el que la intervención de la mano del hombre nada puede hacer porque los nutrientes de la tierra son los que la crecen.

Con esta parábola Jesús le quiso enseñar a sus discípulos que el reino de los cielos tiene un crecimiento natural. Ni demasiado lento, pero tampoco demasiado rápido. Todo de acuerdo a los tiempos de Dios para que el fruto permanezca.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: