El trato a nuestro prójimo

Dice la Biblia en Mateo 7: 12

“Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”

Jesús desarrolló su ministerio en una sociedad gobernada por una teocracia local encabezada por fariseos, escribas e intérpretes de la ley sumamente rigurosos y exigentes con los demás a la hora de aplicar la ley mosaica, pero muy indulgentes consigo mismos a la hora de ponerla en práctica.

Bajo este esquema el individuo o las personas habían perdido su importancia y su valor. Pero no sólo las personas habían caído en el menosprecioso del sistema farisaico, también instituciones como el shabbat y hasta el templo de Jerusalén habían perdido su razón de ser.

Si algo debemos celebrar los seguidores de Jesús es que el Maestro recuperó la esencia de creer en Dios: el hombre es importante y nuestro semejante es más que alguien lejano o distante, sino como la palabra “prójimo” significa es nuestro vecino o alguien muy próximo.

Y le debemos dispensar un trato como si fueramos nosotros mismos. Nuestro semejante debe ser visto como un reflejo de cada uno de nosotros porque solo de esa manera podremos amarlo, ayudarlo y procurarlo con compasión y empeño y no menospreciarlo o rebajarlo de su importancia.

Jesús explicó la razón por la que los judíos debían de ver así a su prójimo: así se cumplía o de esa manera tanto la ley como los profetas, dos partes en las que se dividía el Antiguo Testamento hebreo, tenían una amplia aplicación para quienes leían y meditaban la palabra de Dios.

Quiso Jesús y quiere mostrar que el estudio y meditación de la Escritura tiene como resultado un trato fraterno a nuestros semejantes. Pero no cualquier clase de trato, sino aquel en el que lo veamos como si fueramos nosotros mismos. Como si su pena y sufrimiento fuera nuestra pena y nuestro sufrimiento.

Ver a nuestros semejantes de esa manera cambia radicalmente nuestro trato hacia ellos. Dejamos de mirarlos con recelo y los vemos con comprensión. Dejamos de criticarlos y los bendecimos. Nos esforzamos por ayudarlos, pero sobre todo los tratamos con la amabilidad que a nosotros nos gustaría que nos tratarán.

Hacer de quienes nos rodean una especie de espejo donde nos reflejemos hará de nuestra relaciones gratas experiencias que harán huir de nuestra vida la queja y la critica hacía los demás de una manera tan rápida que nos sorprenderá.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: