Mujeres

Dice la Biblia en Lucas 15: 8-9

“O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.”

La diligencia y dedicación de las mujeres, junto con su alegría y capacidad para compartir con sus semejantes, así como el otorgamiento de valor a lo que para los varones serían pequeñeces y su natural inclinación para hacer saber a los demás su dicha, fueron utilizados por Jesús en una de sus parábolas.

La parábola de la moneda perdida, como se conoce a este breve relato que tiene como personaje central a una mujer, fue presentada por Jesús para enseñar la profunda verdad de salvar a los perdidos, pero también para reivindicar a las féminas de su tiempo.

Las mujeres de los tiempos de Jesús eran marginadas, excluidas y muchas veces estigmatizadas por su condición social, económica y moral. El relato de la historia de la moneda perdida recupera su dignidad y su valía delante de una sociedad misógina que siempre les restaba méritos.

Esa fue la tónica del Maestro con las mujeres: tuvo un trato amable con la samaritana que había tenido cinco maridos y cuando habló con Jesús vivía con el sexto. Tuvo un trato de compasión con la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio y que los fariseos se aprestaban a lapidar. Él la perdonó y la salvó.

Trató con suma delicadeza a las hermanas María y Marta quienes en medio de una disputa por las labores domésticas buscaron la intervención de Jesús. Ni que decir de la mujer que ungió sus pies y a la que le reconoció el gran amor por su Salvador, aunado a esto, fue una mujer (María Magdalena) la primer testigo de su resurrección.

La parábola de la moneda perdida corona este trato especial que Jesús le dispensó a las mujeres y le recordó a los religiosos de su tiempo y nos recuerda a nosotros ahora la importancia, el valor y las capacidades de las mujeres.

Cuando una mujer se casaba en el tiempo de los evangelios recibía como obsequio diez monedas llamadas dracmas. Si una de esas monedas se perdía, el valor del conjunto se extinguía y por eso quien la extraviaba la buscaba con desesperación. No importaba que estuvieran las otras nueve, ella necesitaba las diez.

Por eso cuando la encontraba hacía “fiesta” y convidaba a sus amigas y hasta sus vecinas para decirles que había encontrado su dracma perdida y el conjunto que tanta importancia tenía para ella estaba por fin completo.

Con este relato Jesús nos recuerda que las mujeres son seres con emociones, con alegrías y con tristezas, pero sobre todo que poseen cualidades extraordinarias y han sido dotadas con un enorme corazón para compartir su alegría con los demás.

Ningún otro Maestro como Jesús le devolvió a las mujeres su valor e importancia cuando eran menospreciadas. Fue su más férreo defensor ante una sociedad que las miraba como cosas antes que personas.

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